miércoles, marzo 04, 2009

El largo brazo del creacionismo - Demoliendo a Richard Mathenson




Un artículo sobre Soy leyenda de Matheson que me impresionó. Excelente. Por el antropólogo y amigo Jorge Roze. Tal vez algunas cuestiones sean diferentes en tanto hay dos versiones de la película con Will Smith y aparentemente la versión alternativa que puede verse en el DVD sería más fiel al libro. Espero comentarios!!

El largo brazo del creacionismo
Demoliendo a Richard Mathenson

Jorge Próspero Roze
CONICET-Universidad Nacional del Norte
Instituto de Estudios Ambientales y Sociales – Fundación IdEAS

Sobre Mathenson, Richard. Soy Leyenda. Buenos Aires, Ediciones Minotauro, 1971, 73 pp.


Los memoriosos lectores argentinos de ciencia ficción de los ’60 celebraron con admiración y asombro la aparición, en 1971 de un impactante libro que contenía –y contiene- algo de lo más destacado de ese género que entre la crítica y la creciente masa de lectores pugnaba por convertirse en Literatura. Se trataba de Soy Leyenda.
La editorial Minotauro edita esta novela corta que Richard Matheson publicara en 1954 en Estados Unidos y constituyera un hito en el género.
Los cincuenta fueron, para la literatura, una década donde se conjugaban elementos que lanzaban la imaginación de los escritores por los caminos del miedo y lo inimaginado. El impacto de la Bomba Atómica y la perspectiva, por primera vez viable, de que la humanidad pudiera desparecer producto, precisamente de avance de tecnologías derivadas del conocimiento científico. Abordaban así situaciones apocalípticas lanzando, en verdad, advertencias a la humanidad de los futuros probables del camino que la nueva alianza entre ciencia y política bélica, estaban emprendiendo.
Igualmente esta literatura empezaba a expresar el quiebre que ganaba espacio en las reflexiones de la ruptura de un progreso que nos lanzaba a un futuro promisorio que la tecnología nos estaba prometiendo. Por primera vez en la historia se cimentaba la desconfianza en un futuro tecnológico como condición de la felicidad humana.
“Nada de lo humano me es indiferente”
El libro de Mathenson expresaba de modo brillante esta situación combinando el fantástico imaginario de las leyendas medievales y la literatura gótica del siglo XIX con la catástrofe tecnológica ahora de la mano del otro fantasma del Apocalipsis cual era el descontrol de la manipulación bacteriológica o el uso bélico de esos instrumentos.
Así, en Soy Leyenda, la humanidad se autodestruye no con la muerte masiva sino con la transformación de los individuos en entidades inhumanas. La sociedad de los hombres desaparece cuando los individuos que la componen se transforman en vampiros.
¿ De que nos habla el autor a lo largo de las escasas 71 páginas del libro entre el fárrago de la vida cotidiana, de la soledad del último hombre de la tierra, el origen del vampirismo, el porque de los objeto que los rechazan o los destruyen, sus investigaciones ?
El último humano sobre la tierra se plantea una primera misión que ocupa la mayor parte de sus días: destruir los monstruos. Destruir los vampiros. Vampiros vivos que viven de la sangre y vampiros muertos que resucitan y aparecen por las noches.
Fabrica estacas y sale con el sol a buscar alimentos y elementos que lo mantengan vivo y a matar vampiros. También experimenta. Prueba los elementos hostiles a los vampiros: el ajo, las cruces, el agua, la luz solar, las estacas, las balas y progresivamente estudia y construye un laboratorio donde trata de descubrir todo el proceso de extensión de la enfermedad, la transmisión, la muerte, y por que no la cura que se muestra a todas luces imposible.
En medio de esa zaga de tres años: se inicia en enero de 1976 y finaliza en enero de 1979, donde presenciamos a un hombre destruyendo vampiros y buscando respuestas biológicas, Mathenson nos lleva de la mano a la reflexión de que cosa es ser humano. Que es lo normal. Que es lo monstruoso. Reflexión esta que no parecen ocupar el tiempo de los filósofos modernos sino al momento en que distintos autores inician sus reflexiones sobre los genocidios del siglo XX.
Y será Michel Foucault, en sus clases dictadas entre enero y mazo de 1975 en el Collège de France quien va a situar la construcción de la anormalidad, lo monstruoso en los órdenes jurídicos y biológicos entre los mecanismos de normalización y de allí la construcción del orden social. Explicando lo que llama el monstruo humano señala:
Es, en un doble registro, infracción a las leyes en su misma existencia. El campo de aparición del monstruo, y por lo tanto, de un dominio al que puede calificarse de jurídico biológico. Por otra parte, el monstruo aparece en este espacio como un fenómeno a la vez extremo y extremadamente raro. Es el límite, el punto de derrumbe de la ley y, al mismo tiempo, la excepción que solo se encuentra, precisamente, en casos extremos. Digamos que el monstruo es lo que combina lo imposible y lo prohibido (2000: 61).
El monstruo, nos dice Foucault es uno de los elementos constituyentes de la caracterización del sujeto normal en nuestras sociedades.
La inalterable ley de la evolución biológica
En el libro, la especie humana parece ya no tener futuro. La civilización, la sociedad, la especie desaparecerá con el último hombre. En esa convicción, un día cualquiera, a plena luz del sol aparece ante su vista, una mujer a quien captura y lleva a su casa como la esperanza de la existencia de otros hombres-humanos vivos, que es lo que Ruth le cuenta que existen.
Sometida a la prueba nuestro sobreviviente descubre, catastróficamente que no hay otros humanos-no-vampiros. Se trataba de un nuevo tipo de vampiros, con capacidad de vivir al sol y controlar su agresión, podían llevar una existencia social, en una nueva sociedad que estaban constituyendo. Desde lo biológico, la ley de la evolución, las transformaciones señaladas por Darwin y sus discípulos se hacían presentes:
Miró por el microscopio un largo rato. Sí, lo había encontrado. Y admitir lo que veía, cambió todo su mundo. ¡Qué estúpido e incapaz se sentía! ¿Cómo no lo había previsto?
Y sin embargo, había leído la frase cien, mil veces. Y nunca se había detenido a entender todo su significado. Era una frase muy simple:
Las bacterias también pueden ser mutantes (p. 65).
Estaba frente a una nueva fase de evolución: estaba frente a la construcción de una nueva sociedad, ahora de vampiros-humanos. Que era él, Robert Neville, entonces, en el nuevo mundo que se estaba gestando. La maestría de Mathenson expresa en profundidad toda la cuestión de aquel hombre capturado, prisionero, condenado a muerte por esa nueva sociedad que desde ciertos primitivismos de las sociedades jóvenes estructuraba una nueva sociabilidad:
Y comprendió la expresión que reflejaban aquellos rostros: angustia, miedo, horror. Le tenían miedo. Ellos le veían como un monstruo terrible y desconocido, de una malignidad más odiosa que la de la plaga. Un espectro invisible que como prueba de su existencia sembraba el suelo con los cadáveres desangrados, de sus seres queridos. Y Neville los comprendió, y dejó de odiarlos. La mano derecha apretó el paquetito de píldoras. Por lo menos el fin no sería violento, por lo menos no habría una carnicería...
Neville observó a los nuevos habitantes de la tierra. No era uno de ellos. Semejante a los vampiros, era un anatema y un terror oscuro que debían eliminar y destruir. Y de pronto nació la nueva idea, divirtiéndolo, a pesar del dolor.
Tosió carraspeando. Se dio vuelta y se apoyó en la pared mientras se tomaba las píldoras. Se estrecha el círculo. Un nuevo terror nacido de la muerte, una nueva superstición que invade la fortaleza del tiempo.
Soy leyenda (p. 71).
Esa es la esencia del libro de Mathenson: Lo monstruoso, lo distinto, lo que aterroriza no es un estado de la naturaleza que nos diferencia, sino las similitudes que parecen unirnos. No se trata tampoco de la subjetividad, la historia que nos precede, la tradición que fija nuestra humanidad, sino de lo que hacemos siendo lo que somos y de que mayoría fija la norma, lo normal, lo que siendo es.
La omnipresente evolución que nos convirtió en hombres-humanos puede convertirnos en otra cosa. Cuanto de naturaleza hay en la humanidad de cada uno.
Disparen contra Mathenson
El cine no ha beneficiado la obra de Mathenson. Diez años después de editado, participa de la elaboración del guión de El último hombre sobre la tierra, donde en vistas a los resultados renuncia a integrar los créditos de la película, entonces protagonizada por Vicent Prince.
Coincidente con su aparición en español, Charlton Heston protagonizaría una nueva versión del libro con el título de El hombre Omega, donde el guión no puede escapar a los avatares políticos de una América atemorizada por la Revolución cubana, el comunismo y la amenaza nuclear y el final es la redención del último hombre Americano crucificado por aquellos que se apropiaron del planeta.
La historia tampoco pasó desapercibida para los guionistas de la serie Los Simpsons, -con su mirada cáustica y crítica del estilo de vida Americano en el cual obtiene su éxito-, quienes presentaron en 1997 una parodia de la versión de 1971, llamada “El Hombre Homega” (la H haciendo un juego de palabras con el nombre del patriarca de la familia). Esta versión evidencia cierto mayor respecto al texto de Matheson e inicialmente hace presente cuán incompatible es su pensamiento con la ideología Americana moderna. Homero se enfrenta a los mutantes. Por una de esas lógicas sólo posibles en la serie, descubre que su familia también ha sobrevivido, y siguen siendo humanos. Los mutantes, conmovidos por el amor que se profesan, ofrecen a la familia construir una nueva sociedad en la que todos puedan convivir. Hasta ahí el espíritu de Matheson. La familia agradece la oferta, pero saca sendos rifles y fusila a los anormales diciendo “¿convivir con mutantes? Pff!” El chiste, en su relación con lo inconsciente –parafraseando a Sigmund Freud (1970: 1029)-, expresa aquí el espíritu de Matheson fusilado por el modo de vida americano (1).
La versión fílmica del 2007 demostrará que esta ideología dominante todavía no había disparado todo lo que tenía contra Matheson. Recién estaba apuntando.
Así, sin chistes nos enfrentamos hoy a la mayor violación al espíritu y letra del autor de Soy Leyenda, en la película que llevará el nombre del libro y se presentará “inspirada en las páginas de Mathenson”, recientemente filmada continuando una notable serie de clásicos de la ciencia ficción llevados al cien en la última década, a partir del éxito de Blade Runner.
No se trata ya de este o aquel detalle, sino de la flagrante irrupción de un pensamiento y un mensaje totalmente ajeno al planteo original que no muestra sino el nivel que puede alcanzar lo que Federico Engels (1971: 178) denominaba “lucha teórica”. En este caso, las doctrinas creacionistas enfrentadas con las evidencias científicas, y la manipulación de lo monstruoso en la exaltación de la acción y el pensamiento de los estrategas del imperio Americano.
El mayor baldón que los científicos del mundo entero podemos observar en el juego del poder-saber es la difusión en los centros académicos de los Estados Unidos del pensamiento creacionista que en algunos estados se impone desde las autoridades a cargo de la educación, en una abierta negación con las denominadas “doctrinas Darvinistas” es decir, el rechazo de la complejidad de los procesos evolutivos, fundadas en general en la autoridad de los libros santos.
Teorías como el “diseño inteligente”, que nadie que se aproxime al conocimiento científico puede tomar en serio, adquieren status científico de la mano de los aparatos de difusión de distintas confesiones multimillonarias, avalados por pseudos científicos o científicos con titulaciones en disciplinas que nada tienen que ver con las teorías en el centro de la discusión, particularmente las teorías de la evolución (2).
Volviendo a Soy Leyenda en su última versión, los vampiros son monstruos con todas características del imaginario que ha creado el cine de horror. Como tal no hablan, no se asocian, solo destruyen. No son distintos de sus perros. Son otra cosa. Son el enemigo que hay que destruir. Son también conejillos de indias para experimentar la cura. En esa dicotomía, la aparición de la mujer, ahora con un hijo no puede ser pensada como otra cosa que otro humano, constituye la esperanza de la resurrección de la raza.
En el límite de su soledad, le habla de la existencia de otras comunidades de humanos afirmando que lo sabe porque Dios le habló. Le habla de un grupo en algún estado que está reconstituyendo la sociedad, agrupados.
Ese es el comienzo de la transformación de Neville en Rambo, en el justiciero solitario llevado junto con la película de la mano de alguna providencia.
Dios hizo que el día que los vampiros consiguen destruir el escondite de Robert Neville este consiga la cura, y se sacrifique (3) –como buen Americano-, para salvar a la mujer y al niño, y la humanidad de humanos (armados con fusiles, protegidos por barreras, detrás de grandes portones como sus embajadas), tenga un nuevo comienzo.
Dios ha triunfado. Rambo se sacrificó por América y la humanidad. No existe ya evolución. Los monstruos son los otros. Norcoreanos, maometanos, cubanos en Cuba, colombianos de las FARC a quienes hay que vacunar contra los bacilos de la monstruosidad.
El plan inteligente consiguió a través de la película la cura para Richard Mathenson
No hay leyenda.
América para los americanos; el programa inteligente para los espectadores.

Notas

1. Esta referencia me fue incorporada por el joven Alejo Baltasar Roze. Volver

2. Proposiciones estúpidas como “Dios no juega a los dados…” pronunciadas por Eistein, se constituyen en fuentes de autoridad de las teorías creacionistas y motivan trabajos de tesis, ensayos, etc. Volver

3. De la atenta mirada de Alejo, descubrimos a posteriori las dudas del director -respecto del incalificable final-, en otro posible final donde se recupera la humanidad de los “monstruos” lo que nos muestra -en palabra del joven A.-, una “visión de la lucha interna de Hollywood por disparar o no contra Matheson”. El otro final posible se puede ver en: http://www.slashfilm.com/2008/03/05/i-am-legend-alternative-ending/ http://www.firstshowing.net/2008/03/05/must-watch-i-am-legends-original-ending-this-is-amazing/ . Volver

Bibliografía

Einstein, Albert, 2005. Mi visión del mundo (Metatemas). Barcelona, Tusquet Editores.
Engels, Federico, 1971. La guerra de campesinos en Alemania (Adición al prefacio a la edición de 1870 para la tercera edición de 1875). Buenos Aires, Editorial Claridad.
Foucault, Michel, 2000. Los anormales. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
Freud, Sigmund, 1973. “El chiste y su relación con lo inconsciente”, en Obras Completas de Sigmund Freud. Madrid, Editorial Biblioteca Nueva. Tercera edición. Tomo 1
Mathenson, Richard. 1971. Soy Leyenda. Buenos Aires, Ediciones Minotauro.

3 comentarios:

Galois dijo...

Interesante artículo. Lástima que el error que está en el título, persiste en el texo, e increíblemente en la parte que cita la novela en su edición de Minotauro.
Matheson, se llamaba Richard Matheson, sin la n del medio.
Y la edición de Minotauro tambíen lo confirma:
http://www.librosgratisweb.com/pdf/matheson-richard/soy-leyenda.pdf

Francisco Abelenda dijo...

Hola Galois!
Gracias por el comentario!
No advertí el error,así que gracias por señalarlo. El artículo original que reproduzco en el Blog está con ese error en el original.
No se si corresponde corregirlo. Se lo voy a comentar al autor.
Por otra parte no creo que el viejo Dick se moleste demasiado..!
Saludos

Galois dijo...

Supongo que no. Además el artículo le gustaría si pudiese leerlo, creo.
Ya forma parte de la leyenda, el viejo. ;-)
Salutes.