jueves, abril 30, 2009

Oh! Mujeres!

Considero un defecto más cercano a la neurosis obsesiva que a la cinefilia el acordarse de todos los nombres de directores, actores, filmografías y demás datos con los que los hombres "cinéfilos" competimos todo el tiempo.
Es cierto además, y no es cuestión de buscar mucho, que las mujeres se apasionan menos por esas cosas. Por algo la histeria (mucho más divertida que la obsesión) durante mucho tiempo se consideró patrimonio de las mujeres y la neurosis obsesiva de los hombres.
Freud tiene cinco casos que son los más famosos y no casualmente el Caso Dora y el Caso Anna O son histéricas, el hombre de las ratas y el hombre de los lobos son neuróticos obsesivos y el otro es un psicótico, el presidente Schreber. Hay un sexto que es el pequeño Juanito que es un caso de una fobia.
Pero es verdad que en Freud casi todas las mujeres que comenta son histéricas y los hombres casi todos son obsesivos.
James Watson, el Premio Nobel del ADN, dijo hace un tiempo en una opinión calificada por todos como racista, que geneticamente la raza negra es menos inteligente que la blanca.
Yo por supuesto que no estoy de acuerdo, claro, pero... supongamos por un momento el supuesto de que cientificamente se demostraran diferencias en los cerebros y sus capacidades...
¿Se acusará a la ciencia por discriminadora..?
Las mujeres son mejores que los hombres, son más sensibles, son más comprensivas, su inteligencia es más eficaz, controlan mejor sus emociones.
Además no tienen, en general, el defecto de la obsesión.
Eso me parece a mi.
Por eso digo que, como la obsesión es parte esencial de las pasiones desmedidas, las mujeres no se apasionan tanto por cosas inútiles como recordar directores, actores, filmografías.
Se apasionan por el amor, cierto, pero eso es otro tema.
Por todo esto... hay que bancar a Cristina..!

martes, abril 28, 2009

Las clases sociales en la Historieta

Con respecto a la historieta (siempre me negué, y me sigo negando, a llamarla comic) y la calificación de grasa, que escuché por ahí, me parece que esta apreciación dio en la tecla.
Nunca hubo un arte más clasista que la historieta. En la Argentina se pueden reconocer en fines de los 70s y todos los 80s una clara diferenciación de las historietas en clases que tienen que ver más con lo intelectual que con lo socio económico, y es ahí donde está lo divertido. La historieta rompe con lo socioeconómico y va más a lo sociocultural.
Ensayemos una improbable clasificación:
Clase baja: Revistas de Editorial Columba (Intervalo, D´Artagnan, Fantasía y El Toni) con historietas centradas en el relato de aventuras sin contenido político y con un cuidado estético bastante básico, más bien pobre, casi de descarte. Fácilmente identificables porque las letras de los globitos están escritas a máquina) (Las mejicanas están en la misma línea pero me refiero a las historietas de producción nacional, después se podría hablar de La pequeña Lulú (genial) o de Archie, etc...)
Clase media: Revistas que en los 80 editaba Ediciones de La Urraca, representadas por Skorpio Gran Color, Tit Bits, etc, sin contenido político, con guión medianamente cuidado, con historietas muy buenas como Alvar Mayor, Or Grund en su ascenso, dibujaban y guionaban Mandrafina, Saccomano, Churrique Breccia, etc.
Clase Alta: es cuando la historieta tiene pretensiones en serio de arte y quiere seguir una tradición iniciada por Alberto Breccia y Oesterheld, metiendo lo político pero intentando no dejar de ser popular. Ahí se sigue la tradición de Hora Cero semanal, Misterix, Frontera, etc y en los 80s estuvo representada por dos revistas: Superhumor ilustrado y Fierro.
Después vino la postmodernidad y el SIDA que mataron todo.


jueves, abril 23, 2009

¿Está el comiserio?

Si hay algo que me resulta casi intolerable de toda la parafernalia opositora es su falta de estilo, su inocultable vulgaridad. Pero hasta ahora no había encontrado que en los medios se ocuparan de la pobreza intelectual de los nuevos referentes de la derecha argentina. El pais a principios del siglo 20 y fines del 19 tuvo gobiernos marcadamente elitistas y oligárquicos, sin embargo esta elite, lejos de la turba bochinchera y ladina que repudiaban, pudo cultivar un refinado espíritu. Por eso de este sector emergieron grandes intelectuales, músicos y escritores. Jorge Borges y Adolfo Bioy son dos ejemplos interesantes. Además dejaron el legado de mágníficos edificios y el paso por Buenos Aires de lo más excelso de la lírica mundial.
¿Qué decir entonces de Macri y De Narvaez?
Mejor que seguir con estas cuartillas me parece transcribir el pequeño pero imperdible artículo al respecto que publica hoy nuestro querido amigo Mario Wainfeld en Página 12.
Con ustedes...
Distintas clases de conducta
Por Mario Wainfeld
Dos emergentes representativos del empresariado ocupan la marquesina política. Mauricio Macri tiene más trayectoria, más capital acumulado: gobierna un distrito importante, en base a una amplia mayoría. Francisco de Narváez viene en ascenso y son altas sus virtualidades en los próximos comicios. Comparten, amén de sus previsibles posturas ideológicas, signos identitarios de la clase en la que nacieron en cuna de oro. A diferencia de ciertos patricios de la generación del ’80, los colegas de Silvio Berlusconi no sobresalen por su versación ni por su cultura general. “Mauricio” dispone de un vocabulario digno de un chico de cuarto grado, dice “habría” cuando corresponde decir “hubiera”. De ordinario, no puede expresarse si no ha sido guionado por expertos. De Narváez, que está rodeado de una pléyade de publicistas creativos y “da bien” en elaborados anuncios publicitarios, no se distingue tanto de su compañero PRO cuando se expresa en otros registros. Hasta ahora, sus asesores no le han comentado que los establecimientos donde atienden los comisarios no se llaman “comisería”, como le gusta expresar. Tamañas limitaciones, excusables en otros casos, chocan en personas que disponen de riquezas enormes, que otros supieron acumular. Pero no desentonan con la media de la dirigencia empresaria autóctona cuya chatura intelectual es un dato raramente subrayado. Hay excepciones, claro, como los Rocca de mayor edad o el austríaco Víctor Klima, pero son muy contadas.
Es lógico, entonces, que el discurso de la clase patronal frente al colapso económico mundial y a la política económica local tenga muy poca miga conceptual. Sus manejos y sus slogans hablan por ellos y no hay mucho más. Héctor Méndez, el titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), es un gesto en sí mismo. Su asunción marca un distanciamiento con el oficialismo al que tildó de “ex industrialista”. El dicharachero pope de la FIAT, Cristiano Rattazzi, es otro ejemplo sintomático. Fervoroso apologista del menemismo, devino ahora un crítico de la idea de “vivir con lo nuestro”, justo cuando ésta cunde en el mundo. Sus motivos son evidentes, defiende las incumbencias de la multinacional a la que pertenece cuyas estrategias no hacen centro en la Argentina. La débacle económica es global, las reacciones estatales son domésticas, las estrategias de las multi toman muy en cuenta la diferencia entre sus países de origen y otros de adopción, en detrimento de éstos. Rattazzi escamotea ese punto, que es el núcleo de sus manejos, y despotrica contra el proteccionismo del Gobierno, muy similar al que se ejercita en cualquier país del orbe.
La buena estrella de Mauricio y Francisco, su pobre bagaje conceptual “hacen juego” con corporaciones patronales ajenas a un proyecto integral de país que sólo piensan en sacar tajada de la contingencia. Un objetivo de máxima, la devaluación, expresa casi todo su imaginario. Un recurso perverso, las amenazas de despidos blandidas como recurso de poder, cifra su metodología.
Esa pseudo burguesía se plegó a proyectos que hicieron crema al país y a buena parte de ellos mismos, nada escarmentaron de esa experiencia. Una atmósfera de distanciamiento del oficialismo es su media, en la cúpula de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) se mecha con sondeos acerca de disrupciones institucionales, hipótesis no positivas que se discurren con protagonistas que cabe imaginar.