jueves, febrero 26, 2009

Gramsci lo dijo


Algunos comentarios me llegaron acerca de que el gobierno de los Kirchner provoca odios desmedidos y que gobernar no es eso.
Por supuesto que gobernar no es provocar odio, pero si las medidas de un gobierno legítimo provocan el odio de un sector que siempre aplaudió a gobiernos terribles (Militares, Menem) entonces es probable que esas medidas no sean tan malas.
Por otra parte, el odio que sienten por los Kirchner algunos que no pertenecen a ningún sector de privilegio me resulta inexplicable porque los motivos del odio son vagos, indefinidos, y por cuestiones muy menores, de forma.
Calro que mi comentario acerca de que este odio me resulta inexplicable es una forma de decir, porque creo entender el fenómeno.
Antonio Gramsci decía que hay un momento en la historia en que un sector de poder logra convencer a gran parte de la población de que sus propios intereses son los de toda la población.
Este es el concepto de Hegemonía en el sentido gramsciano*.
No estoy del todo seguro de que se esté constituyendo una nueva hegemonía agro-exportadora porque sería lamentable, pero tal vez este convencimiento de personas no privilegiadas de que el enemigo es el kirchnerismo y que son dignos de odio por boludeces sin importancia constituya un nucleo dificil de desmantelar.
Yo espero que con el tiempo la propia voracidad del sector campestre, su egoísmo desmedido, lo lleve a cometer errores que abran los ojos de la población y se rompa esa nueva hegemonía en ciernes.
*Para ampliar el concepto de hegemonía y entender mejor el fenómeno por el que las secretarias de oficina están en contra de los Kirchner hay que leer La política y el Estado Moderno de Antonio Gramsci.

viernes, febrero 20, 2009

Libertad


Hace pocas semanas el grupo cordobés Electroingeniería compró Radio del Plata, una emisora que había desarrollado una fuerte impronta anti-K.

Dicen algunos que esta compra de una radio importante de la Capital por parte de una empresa aparentemente ligada a Néstor Kirchner sería la punta de lanza de un avance sobre la libertad de prensa.

Mi opinión es que Kirchner comenzó a perder la batalla por la retenciones móviles y todo lo que vino aparejado cuando decidió no dar la batalla que debía haber sido la madre de todas: la batalla por el control de los medios. No me refiero al intento de sanción de la Ley de Radiodifusión sino a una batalla mucho más sutil. Kirchner debió haber ocupado parte de su presidencia en formar periodistas y comunicadores que pudieran hacer frente al vendaval mediático contrera.

La compra de medios por parte de empresarios afines debió haberse iniciado antes.

Nunca se debió esperar a un momento en que la opinión pública estuviera volcada masivamente a aceptar el discurso dominante del Grupo Clarín, de La Nación, Radio Continental, etc.

Tal vez sea demasiado tarde, o tal vez no.

Tal vez todavía pueda pensarse en seguir indignando a una pequeña masa de oligarcas sin poder.


lunes, febrero 16, 2009

Capra ya no vive más aquí

Toda gran obra crea un género o acaba con él.
Walter Benjamin
Últimamente voy menos al cine, pero sigo viendo igual o más cantidad de películas que hace unos años, por lo que esta actividad continúa siendo central en mi vida, y puedo decir, con autoridad creo, que el cine está en una meseta de mediocridad y previsibilidad que lo comienza a hacer prescindible.
El cinematógrafo no es muy antiguo en la historia de la humanidad, tiene un poco más de cien años y el cine en colores o el sonoro son realmente muy recientes. Comparado con la pintura o la música, el cine es un niño que no ha comenzado a gatear. Sin embargo, como metáfora, la del niño, no es muy adecuada, ya que el supuesto niño ha comenzado a dar muestras de chochera, renguea, le duele la espalda, tiene hipertensión y comienza a perder la memoria. Su muerte parece avecinarse.
Tal vez en la historia del arte, el cine sea como una mariposa con una vida magnífica y colorida, pero fugaz.
El cine es el arte de la fugacidad y la memoria, decía Douglas Sirk en una definición que hoy dejó de ser funcional. Nadie necesita la memoria porque existe Internet y la fugacidad ha dejado de ser tal desde que existe el videocassette y el DVD y uno puede retroceder las películas mil veces si quiere, verlas una y otra vez, tenerlas en casa, regalarlas, etc. Como los relatos de futbol antes de la existencia de la televisión y cuando la memoria de los que vieron al Charro Moreno, Bernabé Ferreira o a Alfredo Di Stefano agrandaba notablemente los méritos de esos futbolistas recordando gambetas increíbles y goles mucho mejores de lo que fueron en realidad.
Tal vez alguien se asombre ante este requiem tan sombrío , pero, ¿no notaron acaso que cada vez se emocionan menos al salir de ver una película..?
El cine tuvo varias etapas. En una primera, el cine era simplemente fotografía en movimiento, una locomotora avanzando que los hermanos Lumiere retrataban con su invento, la salida de los obreros de una fábrica... George Meliés lo convirtió en algo más parecido a un objeto de prestidigitación y luego comenzó a narrar algunas historias y a alejarse de retratar la realidad. Pronto, Griffith, Fritz Lang y todo el cine mudo, comenzaron a crear diferentes maneras de utilizar la cámara para hacer del cine un nuevo arte.
Pero no fue hasta 1941, con El ciudadano (Citizen Kane), de Orson Welles, que el cine obtendría la mayoría de edad. Esa mayoría de edad que Angel Faretta llama la "autoconsciencia". Es decir, hasta El ciudadano el cine había utilizado recursos propios de otras artes, la fotografía, la música, el teatro, la pintura. Pero para hacer esa película, Orson Welles se hizo proyectar cientos de filmes de la RKO para copiar recursos y trasladarlos a una actividad que apenas conocía. Por esto es tan importante y no porque sea buena o mala, aburrida o entretenida. Nada fue igual después de esta película. Todo lo que vino después ya no podía clamar inocencia.
Después de esta lograda autoconsciencia sobrevino el período de oro del cine sonoro, vino el color, el cine como herramienta política, la emoción, el terror, la risa, la indignación, el erotismo, el sueño de la realización de un mundo mejor. El sueño americano había ganado todas las conciencias, menos la de los que se resistían pero igualmente consumían este sueño.
La Unión Soviética impulsaba un cine diferente, más contemplativo y político, pero destinado a seguir el curso de los avatares de ese país que parecía eterno pero que se desmoronó casi de un día para otro. ¿Quién hubiera pensado cinco años antes que la Unión Soviética, una de las dos potencias mundiales, habría de dejar de existir, así, de golpe...?
El cine de Italia, el neorrealismo, Fellini y toda esa tradición, lentamente fue convirtiéndose en un cine pobre y decadente, que a nadie interesaba ya.
Casi todas las tradiciones subieron y se extinguieron. Solo quedaba ahí, incólume, el cine americano. El del relato clásico. Con su estructura y sus fórmulas, que cuando parece que se agota, resucita. Inventa algo nuevo.
El cine americano parecía estar condenado a la inexistencia a raiz de los dramas políticos en que estuvo metido ese país con la Guerra de Vietnam y la caída del sueño occidental. Pero todo ese proceso finaliza con la gran película de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now, la que demuestra que ese sueño encarnado por el cine ya no era posible. Y lo hace a través de una gran película. A partir de ahí, un cine de los márgenes... Rumble Fish, The Outsiders...
Comienza una nueva decadencia lenta y progresiva. Las películas de bandidos eran aburridas, nada emocionaba. hasta que aparece el genial Quentin Tarantino en 1994 y gana el festival de Cannes con Pulp Fiction. La trascendencia, otra vez, de esta gran obra es que nada sería igual en el cine de ahí en más. Como había pasado con El Ciudadano y con Apocalypse Now, Pulp Fiction acaba con una época y da comienzo a otra.
Las mutaciones metafísicas, es decir, las transiciones globales y radicales de la visión del mundo adoptada por la mayoría, son raras en la historia de la humanidad. Como ejemplos puede recordarse la aparición del cristianismo, el descubrimiento de América, la caída del muro de Berlín, la aparición del SIDA... Cuando se desarrolla una mutación metafísica, en palabras de Michel Houellebecq, se produce y avanza sin encontrar resistencia hasta sus últimas consecuencias. barre con toda manera de ver el mundo previa a esta revolución. No importan los juicios estéticos. Nada detiene el cambio que sobreviene a una mutación metafísica a no ser la aparición de otra mutación metafísica.
En el cine y en las otras artes sucede algo semejante.
La mutación metafísica que implica la aparición de Internet, los intercambios informáticos, el avance en las comunicaciones electrónicas fue devastadora para el cine, al punto de que probablemente sea momento de escribir un merecido Requiem.
¿Pero, qué reemplazará la avidez de los desterrados hijos de Eva, desesperados ex-cinéfilos, habitantes de este valle de lágrimas, que gimiendo y llorando claman por algo que los aparte de sus vidas sin cine que pueda, ya, ser disfrutado...?
Las series de televisión parecen tomar la posta. En un mundo vertiginoso que no permite 15 minutos para la presentación de personajes, situaciónes y giro drámatico de una película inscripta en el relato clásico, las series de televisión ofrecen en bandeja eso que hace falta, esa alienación cotidiana que fue condición necesaria para la existencia del cine en la vida de los cinéfilos.
Quentin Tarantino, Wes Anderson y otros decidieron innovar, cada uno en su momento y a su manera, la forma clásica de hacer cine y esto les provocó un agotamiento casi inmediato. En el caso de Quentin, luego de Pulp Fiction que puede gustar más o menos pero que cambió la historia del cine, se diluyó en propuestas intrascendentes y muy esporádicas, por otra parte.

¡Oh, Dios, qué panorama he pintado..!
Esperemos que todo esto no sea más que una pesadilla como la de Qué bello es vivir, de Frank Capra y que al despertar estemos en una sala llena con la película a punto de empezar y pronto escuchemos esas primeras frases inolvidables como las de Laura, El Padrino o Rebecca .

lunes, febrero 02, 2009

Tu grato nombre

Anoche perdió River. 2 a 0 contra Boca en Mendoza. Es el cuarto partido consecutivo que perdemos contra Boca. Salimos últimos en el campeonato apertura 2008. Salimos campeones en el campeonato clausura 2008, dando lástima.
Me hice hincha de River de muy chico porque el criado que me tenía a su cargo era fanático y yo lo admiraba. Luego fui valorando la mística que devenía de una pasión por la belleza y del disfrute de ganar jugando bien. Jamás festejar un triunfo injusto, jamás aplaudir una patada descalificadora, jamás insultar al rival, sólo a los propios cuando no estaban a la altura de la tradición riverplatense. Así pasaron ídolos, el Beto Alonso, Ramón Diaz y sobre todo el más grande jugador argentino de todos los tiempos, Daniel Passarella quien, como Néstor Kirchner, no es capaz de cosechar el reconocimiento que se merece. Leopoldo Luque, Ubaldo Matildo Fillol, Francescolli, Morresi, Gallego, Pinino Mas... No podíamos ganar la Copa Libertadores hasta que la ganamos con el Bambino Veira en el 86 y después de nuevo con Ramón Diaz como técnico en el 96. Ahi salté a la cancha y saqué un pedazo de pasto que creció en un plantero de la ventana del departamente donde vivía.
Pero todo es muy triste ahora, un frio materialismo ha llegado a los corazones y el hombre, que tenía amor, se ha transformado en el hombre indiferente. Y el hombre que creaba se ha transformado en el hombre que destruye...