martes, marzo 06, 2007

Apocalypsis Ahora



Siempre discuto con mi hermano Fernando con respecto al cine argentino ya que él insiste en tirarle todas las culpas a los mismos cineastas por el desinterés que provocan.
Fernando dice que hay un síntoma de los directores autóctonos que tendría que ver con un cierto regocijo en la forma en desmedro del relato, un exceso en la búsqueda del lugar de autor, el éxito en los festivales y el reconocimiento de sus pares. Me parece que algo de eso hay.
Pero las causas del desinterés deben buscarse un poco en la historia de nuestro cine y no tanto en la neurosis de los directores, que la tienen, claro.
De una forma bastante esquemática me parece que el cine argentino puede dividirse, según mi visión, en 4 etapas:
1) La industria: el cine argentino antes de la revolución Libertadora (1955) era lo que dice Luis. Records de audiencia en todo el mundo, como ejemplo vale decir que Mirta Legrand es recibida en Cuba siempre como si fuera Julia Roberts, porque ellos siguieron viendo ese cine como el cine clásico que consumen.
2)El cine político: Solanas, Gleyzer, el mismo Olivera, etc. que fue muy limitado y de consumo interno, pero era en la época en que se consideraba al cine, en argentina, como una herramienta de acción política.
3)El cine argentino jurásico: es el cine argentino declamativo, el de los 80s como paradigma, un cine hecho con muchas deficiencias técnicas, se nota el montaje, el sonido es pésimo, las actuaciones son exageradas, mucho diálogo que nada tenía que ver con lo que se escuchaba en las calles, bienpensante, jodido ideológicamente, aburrido. Así y todo una o dos películas pueden rescatarse en la memoria pero incluso estas no soportan una visión actual en dvd.
4)El Nuevo Cine Argentino: En los 90 y gracias a la transformación global de la argentina que encabezó el menemismo, seguido en masa por el pueblo, se dieron algunos fenómenos culturales interesantes, uno de ellos fue la proliferación de las escuelas de cine en Buenos Aires, niños ricos que tenían tristeza, tampoco tenían trabajo y entonces se metían a estudiar cine, sin haber leído demasiado ni haber visto nada del cine argentino anterior. En las escuelas de cine les hicieron ver fundamentalmente la Nouvelle Vague, Godard, Truffaut, mucho Rohmer, Bresson. También les hicieron ver cine indeppendiente americano, Cassavettes, el primer Gus Van Sant, Jarmush. De la mano de esto vino la primera camada de egresados y una película colectiva que reunía los cortos con lo que terminaban su formación académica Adrián Caetano, Bruno Stagnaro, Lucrecia Martel, Pablo Trapero, etc. Esa película, Historia Breves, marcó una bisagra en la evolución del cine argentino y dio comienzo a esa nueva generación que no parecía tener raices con lo anterior. Comparen la diferencia entre la última película emblemática del período anterior , Funes un gran amor, de Raul de la Torre, con Graciel Borges y Gian María Volonté y Pizza Birra Faso, le primera película emblemática posterior a Historias Breves. Parecen hechas en planetas diferentes. A esta le siguieron películas y más películas, algunas buenísimas, las otras no tanto, pero todas con una particularidad, no se parecían entre si más que en el hecho de la frescura, ciertas influencias y todas buscaban diferenciarse de sus pares. El BAFICI, el Festival de cine independiente de Buenos Aires, ayudó a que los noveles cineastas estuvieran en contacto con directores de todo el mundo y pudieron codearse con Jim Jarmush e incluso con Francis Ford Coppola.
5)El cine del Apocalypsis: luego de la caída de la convertibilidad y la crisis del 2001, el financiamiento de las películas se complicó sobremanera y esto sumado a un cierto prestigio adquirido de los directores que les impedía filmar con dos mangos y a que los técnicos argentinos se habían cotizado (Por ejemplo el camarógrafo principal de Gus Van Sant es argentino) hizo que las películas de los "consagrados" comenzaran a ralear, una película cada tres o cuatro años era el promedio, muy lejos de las 60 películas en 10 años de Takashi Miike, por citar un ejemplo japonés.
Todo esto no impidió que en el año 1995 se estrenaran 33 películas, en 1996: 37, en 1997: 27, en 1998: 38, en 1999: 36, en 2000: 44, en 2001: 47, en 2002: 47, en 2003: 53, en 2004: 66, en 2005: 63 y en 2006: 64 películas.
Sin embargo esta supuesta estabilidad no es tal porque cada año egresan cientos de "directores" de las escuelas de cine y el mismo número de estrenos se divide por un número cada vez mayor de directores.
En cuanto a la escasa participación del público en estos estrenos creo que no tiene casi nada que ver con la calidad de la oferta. La distribución de las películas argentinas es lamentable ya que deben competir con la industria de Hollywood de manera muy desigual. Por ejemplo, cuando se estrenó Nadar solo, en 2003, ese mismo día debió competir con Matrix que se exhibía con 100 copias contra 5 copias de Nadar solo. Y para que una película se mantenga en cartel más de una semana debe cumplir una cantidad de espectadores determinada. A esto hay que sumarle la publicidad furiosa de las películas de Hollywood, las torpezas de las distribuidoras locales, las dádivas a determinados críticos claves, etc.
Creo que debe haber alguna "culpa" como postula Fernando, en los directores con sus propuestas. Pero creo que se trata de vencer un paradigma, el cine de Hollywood, y eso no es fácil. Fíjense que tampoco vemos películas de otros países. Muy poco de Francia, España, Brasil, Japón o China.