martes, abril 13, 2010

Anticonstitucionalísimamente


Durante mucho tiempo, de niño, mis principales lecturas fueron el hispanísimo Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano y los libros de Monteiro Lobato de la serie que transcurre alrededor de los personajes de la Quinta del Benteveo Amarillo. En una de las aventuras relatadas por el gran escritor brasileño en su famosa saga, la familia de Doña Benita viajaba al país de la Gramática. En ese país llamaba la atención un gran monumento a la palabra más larga de la lengua: anticonstitucionalísimamente.

Honda fue mi decepción al comprobar que esa palabra no figuraba en mi otra fuente de lecturas predilecta. Ya se sabe que mi género preferido siempre fue la enciclopedia, así que atribuí el error a la traducción del libro de Monteiro Lobato, del portugués al castellano, por Ramón Prieto, el legendario adalid desarrollista, quien eligió en la traducción mantener esta palabra, presumiblemente por las resonancias políticas que en ese momento histórico(la década del 50) eran necesarias.

Hoy esta palabra ya no resuena como entonces y aprendimos ya, me lo enseñaron mis maestros, que no se debe decir "anticonstitucional" sino "inconstitucional" Y que las leyes que no son inconstitucionales, son válidas.

En el escenario político argentino fuimos testigos recientemente de una apelación por parte de ciertos legisladores a la justicia de los tribunales para definir si determinadas leyes y decretos que no eran de su agrado podían ser declarados inválidos. En algunos casos obtuvieron resultados favorables y los decretos presidenciales de creación de fondos para el pago de la deuda externa con reservas, por ejemplo, fueron dejados sin efecto por ciertos jueces de cuestionada prosapia.

En el caso de la Ley de Servicios Audiovisuales, aprobada por amplia mayoría en ambas cámaras y luego de un debate sin precedentes en el seno de toda la sociedad, con audiencias públicas inéditas, etc, de la manera más bizarra posible, un diputado mendocino recurrió a una jueza federal de su provincia de origen quien falló de acuerdo a lo esperado por este silencioso legislador que durante el debate legislativo no había abierto la boca. Ante la apeláción del gobierno nacional, la Cámara Federal de la provinica de Mendoza falló también haciendo lugar al reclamo del diputado Thomas, que así se llama el mendocino. Se aguarda ahora el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación ante una nueva apelación del gobierno nacional. En la Argentina no existe un tribunal constitucional que define si una ley es o no inconstitucional así que la aplicación de las leyes aprobadas por el Congreso y Promulgadas por el Poder Ejecutivo deben evaluarse caso por caso y para cada caso en particular.

Resulta que como Cristina Fernandez de Kirchner ha actuado desde el comienzo de su mandato como Presidenta de la Nación con un importante apego formal a lo que la Constitución Nacional le autoriza, nuestros constitucionalistas opositores no pueden acusarla de "anticonstitucional" Ni mucho menos de "inconstitucional" Los Decretos de Necesidad y Urgencia, por ejemplo, son totalmente constitucionales. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo cuestionar a una presidenta que no se aparta una coma de los atributos y herramientas que le otorga la Constitución Nacional? ¿Cómo corroer jurídicamente los fundamentos de su poder? ¿Cómo contribuir al triunfo del frente del rechazo?

El ex ministro de la Corte Suprema de Justicia, Augusto César Belluscio, en una interesante entrevista que le realizara el ex senador José Antonio Romero Feris en su programa de televisión Corrientes de Pensamiento, al no poder acusar a la presidenta de gobernar por fuera de lo que manda la Constitución, se dedicó a despotricar ¡contra la Constitución! Sorprendente y casi inverosimil. ¡Nunca lo había dicho antes! Los Constitucionalistas, de repente, se han convertido en reformistas. La Constitución Nacional ya no debe ser honrada. Los Decretos de Necesidad y Urgencia son una basura que deben ser eliminados de la Constitución, las potestades legislativas del Poder Ejecutivo son el colmo de la tiranía, el poder de veto una afrenta a la democracia, el presidencialismo de la Constitución Nacional: una dictadura de las mayorías. Es lo que dijo Belluscio sin medias tintas ante el deleite del inefable Pocho.

Es también lo que viene sucediendo desde los medios opositores al gobierno, se mide con distinta vara de acuerdo a las conveniencias. Se esgrime como un estandarte a la Constitución Nacional cuando esto es lo que conviene a sus intereses. Si la Constitución se opone a sus conveniencias, se la combate, se la degrada.

Emilia, uno de los personajes entrañables de Monteiro Lobato, era una muñeca que odiaba la injusticia. Estaba rellena de trapo y ni siquiera tenía un corazón. Pero a fuerza de pensar se fue convirtiendo en una persona como cualquiera. La boneca-gente, Emilia, tenía un extraordinario ojo clínico para detectar la hipocresía. Creo que si Emilia hoy estuviera entre nosotros, esa simple muñeca de trapo no toleraría la hipocresía de los que construyen el relato social argentino actual. Se armaría de un puntero y acusaría sin más a los que con tal de minar el poder del gobierno actúan en contra de la Constitución Nacional o, si prefieren, anticonstitucionalísimamente.

domingo, abril 11, 2010

Los profetas del odio


Hoy por la tarde, pensando y pensando, fui a parar a mi biblioteca y por esas cosas de la polisemia, o como se llame a la casualidad que nos lleva a dar con lo inesperado, me encontré con un viejo libro de Arturo Jauretche, Los profetas del odio, editado en 1956.

El movimiento que en 1955 llevó al golpe militar contra el gobierno de Juan Perón tuvo de todo, militares liberales, comunistas, gente común de clase media, periodistas... Sin embargo, contra lo esperable, como lo advierte Jauretche en su entrañable libro, la Revolución Libertadora (como se autodenominó) contaba con una pléyade de intelectuales que ponían sus ideas, sus voces y sus textos al servicio de la Fusiladora (como la llamaron sus víctimas).

Ezequiel Martinez Estrada, Eduardo Mallea, Jorge Luis Borges y hasta Ernesto Sábato se pusieron al servicio del gobierno de facto y, sobre todo, colaboraron ampliamente para generar las condiciones y el marco conceptual que permitieron el golpe.

Es sorprendente cómo los escritos de Jauretche son válidos para entender a la sociedad argentina actual. Sus reflexiones sobre lo que llama el "medio pelo" son una brillante relectura, a la argentina, del aserto gramsciano que indica que una hegemonía se constituye cuando una clase dominante logra que sus intereses sean considerados como propios por la clase dominada. Sin reflexionar sobre esto es imposible entender el apoyo que gran parte de la clase media ofreció sin beneficio de inventario al movimiento campestre que estuvo a punto de derrocar al gobierno de Cristina Fernández. Todavía puede verse cómo personas que no tienen un acre de tierra propia se pasean en sus desvencijados autos con calcomanías que rezan "estoy con el campo".

En Los profetas del odio, Jauretche se encarga de analizar el lugar de los intelectuales de aquella época y para ello los analiza bajo el concepto de colonialismo económico y sobre todo de colonialismo mental. Jauretche argumenta que a los intelectuales argentinos de la intelligentzia les sucede lo mismo que a los miembros de la clase media identificada perdidamente con su clase superior sin ser jamás reconocidos por ella. A propósito recuerda una anécdota de Ricardo Güiraldes referida por Adam Diehl. Guiraldes llegó a París con el caudal de su cultura europea, bien armado de las últimas novedades, del dernier crie de las letras, pero lo invadía una profunda desazón cada vez que alternaba con sus colegas parisinos que lo aplastaban con su mayor dominio del tema y del metier. Demasiado inteligente Güiraldes como para no percibir su desubicación -cosa que no les pasa a nuestros intelectuales de la contra- reaccionaba diciéndole a Adam Diehl; "¡Yo los quisiera agarrar a estos gringos picando un novillo!" Y concluye Jauretche diciendo que "todo nuestro problema consiste en empezar a ver las cosas desde el ángulo de nuestra realidad, la individual y la colectiva".

Hoy la cosa es similar pero mucho menos grave. Es verdad que muchos intelectuales que escriben en algunos diarios como Marcos Aguinis, Santiago Kovadloff, Mario Vargas Llosa y otros más en el rol periodístico como Morales Solá, Mariano Grondona, etc, cabrían en la categoría descripta por Arturo Jauretche. Pero sin embargo hay ahora una gran cantidad de intelectuales que han leído a Jauretche y que son capaces de pensar al pais no como Martinez Estrada o el Borges del 55 sino como aquellos que ven las cosas "desde el ángulo de nuestra realidad". Me refiero a los Intelectuales de "Carta Abierta"

Si es verdad que la historia es "maestra de la vida", como dijo Cicerón, o "madre de la verdad, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo porvenir" como escribió Cervantes, entonces basta mirar ese pasado cercano para no repetir los errores que llevaron a tanta frustración.

Cuenta Jauretche otra anécdota jugosa en la que él, junto a Homero Manzi, fueron a uno de los diarios porteños que hoy encabezan el Frente del Rechazo "Fue en la casa vieja del diario La Nación, un dia que juntos fuimos a llevar una noticia de FORJA -que como todas, no publicaría- Llovía torrencialmente y en el zaguán, contra una de las paredes, estaban cuatro hombres en fila india. Me dijo Homero -Mirá estos hombres libres; están encadenados." Se refería Homero Manzi a Rómulo Zabala, Eduardo Mallea, el secretario de Mallea y a Enriquel Larreta. Imagine el lector qué diría hoy Homero Manzi de Nelson Castro, Ernesto Tenenbaum, Mariano Grondona, Joaquín Morales Solá, Marcos Aguinis, Mario Vargas llosa y Santiago Kovadloff, por citar solo algunos de nuestros remozados profetas.

jueves, abril 08, 2010

¿Vana esperanza?


La crisis del gobierno de Cristina Kirchner a poco de asumir y con el voto contrario al gobierno del vicepresidente de la Nación en la batalla por las retenciones móviles dejó el sabor amargo de lo que se avizoraba como una debacle para el proyecto iniciado por la presidencia de Néstor Kirchner en 2003.

Poco a poco una carga mediática desmesurada e inédita dejó la sensación de que se trataba de una pérdida de prestigio irremontable y que los años que quedaban de gobierno para Cristina serían un calvario para un gobierno carente en absoluto de influencia en la opinión pública.

Las elecciones de junio de 2008, con la derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires, siguieron en ese camino desolador para las huestes oficialistas.

A partir de ese momento se instaló en la sociedad una idea curiosa: los únicos adherentes al proyecto kirchnerista eran militantes rentados (a bajo precio con el famoso choripán), los cambiantes barones del conurbano, algún piquetero exaltado atado a los beneficios de planes sociales de dudoso destino y algún que otro estúpido incapaz de diferenciar el bien del mal.

Para una persona de clase media, digamos un empleado de oficina o de comercio, que no estuviera de acuerdo con el odio brutal que despertaba lo que los medios más importantes llamaban con desprecio "la pareja presidencial", el mundo que les rodeaba se volvía un lugar dificil de habitar. La sola mención por este empleado de alguna tímida simpatía hacia alguna medida del gobierno lo encontraba vilipendiado por miradas de desprecio y eventualmente gritos desaforados. La acusación de "kirchnerista" caía como un sablazo sobre la cabeza del pobre paria que osaba manifestar en voz alta su simpatía hacia un gobierno que "no asumía el veredicto de las urnas" y se lanzaba con una Blitzkrieg diabólica a aprobar leyes impensables para una argentina neoliberal y capitalista salvaje: la ley de medios, el seguro universal para la niñez, la estatización de las AFJP, la estatización de Aerolíneas Argentinas, etc, etc. En este marco esa persona se sentía muy sola y triste, abandonada en un mundo abandonado. Náufraga de un proyecto que era pintado sin vela ni timón. Entonces el pobre empleado de comercio guarda sus opiniones para mejor ocasión, se calla, soporta en todos lados los agravios a la presidente para quien él conserva secretamente cierta simpatía, sonríe ante las cosas que sabe que no le conviene refutar y su vida sigue así, oculta, guardando sus pensamientos políticos dentro de un placard.

Sin embargo poco a poco fue surgiendo un programa de televisión desprolijo pero cargado de sonrisas , que exhibía un club "de la buena onda", con pequeños informes muchas veces tendenciosos pero bien compaginados, con columnistas intelectuales, simpáticos, bien vestidos, inteligentes, lindos.

El programa 678 que se emite por la Televisión Pública fue durante un tiempo el único programa "oficialista" de la televisión argentina. El único. Y eso generó una respuesta inesperada de todos los "empleados de comercio" y otros exponentes de la clase media que primero crearon una página de fans en la red informática Facebook y luego propusieron reunirse para expresarse y gritar sin miedos su oposición al frente del rechazo y el Odio (FRYO) (como se conoce al frente opositor al gobierno de Cristina Fernandez). Esa primera marcha de hace un par de meses fue para mostrar que existía una masa de algunos pocos que disentían y que se animaban a decirlo.

Hoy la situación es totalmente diferente a aquellos meses de soledad para nuestro querido "empleado". Ya no está solo. Ya puede decir lo que piensa sin tanto miedo. Va por su trabajo y se encuentra con otros que piensan como él.

El curso de los acontecimientos llevó nuevamente a la política argentina a una encrucijada importante. Un tribunal de la provincia de Mendoza falló en contra de la Ley de Servicios Audiovisuales que fuera aprobada después de una larga lucha de muchos años por una amplia mayoría en las dos Cámaras luego de un gran debate en toda la sociedad con audiencias públicas y todo lo que ninguna otra Ley de la República tuvo anteriormente.

El 9 de abril, los fans del programa 678 convocaron a expresarse a favor de la Ley de Medios y se movilizaron a los lugares más representativos de todas las ciudades del pais.

A partir de estas nuevas formas de expresión veremos qué puede lograr una clase media distinta a aquella que odia y rechaza, y veremos si es posible vencer las observaciones del gran Arturo Jauretche en su famoso libro sobre el medio pelo en la sociedad argentina. ¿Vana esperanza?