martes, mayo 19, 2009

Ya empiezan a haber caballos


Hace unos dias, mi hermano Fernando escribió una bella carta en la que citaba a un poeta argentino poco conocido por el gran público, Francisco Madariaga. Esta pequeña referencia sumada a la muerte de Mario Benedetti, me trajo al recuerdo la obra genial de Madariaga y mi relación con la poesía en general .
La poesía está hoy tan subestimada que practicamente nadie, salvo los mismos poetas, la consume. Esa especie en extinción, esos hombres y mujeres que entregan la vida a cómo decir las cosas, debe pasarla bastante mal en términos económicos. ¿Cómo puede sobrevivir un poeta? ¿Es posible vivir de la poesía? Virgilio, el más grande, fue contratado por Augusto para que escribiera un poema épico sobre los orígenes del pueblo romano y esto dio a luz tal vez la más grandiosa obra poética de la humanidad, La Eneida. Hoy el panorama es diferente y esos poetas borronean cuartillas que no tendrán demasiados lectores, que no serán valoradas y que, en el mejor de los casos, muchas veces terminarán entremezcladas en los acordes de algún músico que lleve esas letras a lectores insospechados.
Mi relación con la poesía es de amor, pero un amor contradictorio, un amor como el que uno tiene con una mujer a la que jamás podrá entender, a la que intenta abandonar y siempre vuelve. Como el pasado, que no se va, ni te deja.
Así, en mi adolescencia llegué, de manera tangencial, a la poesía de Francisco Madariaga.
Madariaga es uno de los grandes poetas argentinos. Nacido en Corrientes, fue uno de los valuartes del Grupo Pellegrini, la primera y mas importante vanguardia surrealista de toda América Latina. Su obra se tradujo a muchos idiomas, vivió en Corrientes hasta los 15 años y después en Buenos Aires, yendo y viniendo, como muchos poetas, por el mundo, regresando siempre a lo imposible de nombrar sin recurrir a la poesía, y que tiene que ver con la infancia.
El inconsciente tiene caminos asaz misteriosos y ahí estaban, guardados, recuerdos mansos: los poemas de Francisco Madariaga, de los que conozco bien solamente dos de ellos.
Coco Madariaga murió el 24 de septiembre del 2000.
Este es, para mi, uno de sus mejores poemas:

Viaje estival con Lucio

-Aquí ya empiezan a haber caballos-
... me decía.
Y el viento del nordeste comenzaba a ser verde
... entre los colores del agua de la infancia.
Estábamos ya muy lejos de los bronces, los
... mármoles y los floreros pintados "al gusto de
... la familia" en los cementerios municipales.
Todo aquello quedaba atrás, y el sueño del viejo
... tren casi fluvial nos envolvía.
Mi pequeño hijo de siete años y yo teníamos en
... las manos las ramas de las estrellas y
... el resplandor lentísimo de los ríos rosados,
... donde sangraba el sol de los caballos, las
... vaquerías y las antiguas guerras.
Era el primer viaje solos en el tren marrón que
... no quiere morir.

De País Garza Real,
Editorial Argonauta, 1997


En la foto, Francisco Madariaga con Oscar Portela, otro gran poeta correntino.

Mejor Blog sobre la vida y obra de Francisco Madariaga:
http://www.franciscomadariaga.blogspot.com/

miércoles, mayo 13, 2009

La Jungla del Pizarrón

Voy a comentarles una película.
Se trata de Entre los muros, una película de Laurent Cantet, el mismo de Recursos Humanos y El empleo del tiempo. Yo vi la primera que siempre la recuerdo porque efectivamente el área de RRHH de cualquier empresa es definitivamente el lugar más complejo de todo el capitalismo. Ahí hasta un angel puede convertirse en un demonio. La falsedad, el amague, el doble discurso, la intriga, son artes muy bien vistos en esos reductos. Hay excepciones, claro, pero la película muestra lo que pasa en las empresas comunes. Dicen que en Google y American Express, por ejemplo, se dieron cuenta de que el personal trabaja mejor cuando está feliz y sin miedo. Yo también lo creo pero lamentablemente no dirijo ninguna compañía importante.
Pero de lo que quería hablarles es de Entre los muros. Creo que es interesante porque es una película del subgénero "colegios" pero contada toda desde adentro, casi documental, como si la cámara se colara dentro de un aula de un colegio francés del polimodal. Chicos de 14 y 15 años en su clase de francés con el encargado del curso, el Profesor Francois, mi tocayo.
La película me hizo acordar bastante a otra que vi hace poco y que tiene una estructura muy parecida, Blackboard Jungle (1955) (Semilla de maldad) de Richard Brooks que la vi hace poco. En Blackboard Jungle un profesor nuevo llega a un colegio de las afueras de Nueva York en la que los alumnos son muy quilomberos. Tienen dos líderes, uno es el personaje que interpreta Sidney Poitier en su primera actuación importante (lo gracioso es que el negro tenía 28 años cuando se filmó la película y hace de un pibe de 17) el otro, es un pendenciero que se merecía una buena sopapeada, el inolvidable Artie West (interpretado por Vic Morrow, el sargento Saunders de Combate! ¿se acuerdan?) El profesor, un Glen Ford siempre al punto de la crispación, el profe Dadier, Daddy, le da su merecido en una escena clave de la historia del cine. Blackboard Jungle fue muy importante también por motivos estéticos y por lo que produjo después. Además fue la primera película que logró que un tema de rock esté primero en la lista de los más escuchados de las radios norteamericanas al punto de que se considera al dia del estreno de esta película como el del nacimiento del Rock and Roll: el 25 de marzo de 1955. La canción en cuestión es Rock around the clock de Bill Halley y sus cometas.
Bueno, Entre los muros también cuenta la historia de un profesor y su relación con los alumnos. Lo interesante es ver cómo es imposible entrar en los registros y los códigos de estos pibes y el profesor que quería hacerse el compinche la pasa bastante mal. Por pelotudo.
La película ganó la Palma de Oro en Cannes. ¡Por fin un premio bien dado!
Excelentes actuaciones, un ritmo narrativo que no decae y la impresión de que uno ha estado ahí, con esos alumnos en los que se adivina un universo detrás de cada rostro.
Recomendadísima.

viernes, mayo 08, 2009

A los que vieron XXY de Lucía Puenzo

Yo no ví XXY por varios motivos, pero sobre todo por lo siguiente: hay tanto para ver...!
Me sorprende que ustedes a la hora de elegir una película para ver elijan justamente esa. Era bastante probable de antemano el fiasco, porque se que ustedes, mis lectores, tienen buen gusto, y no puede gustarles una película semejante, por lo que evidentemente les falta escudriñar un poco antes de decidir qué van a ver.
Todos sabemos que hay una escena en la película en la que el personaje de Inés Efrón sodomiza a el personaje de Piroyansky que pone cara de sorprendido. El disparate es tan mayúsculo que coincido con Susana Canevaro en que da un poco de verguenza ajena imaginar la cara de los miembros de la Academia de Hollywood cuando vieron esa escena y empezaron a reirse.
Y bueno, Susana, si te sirve de consuelo creo que peor hubiera sido que como candidata a los Óscares, hubiera ido La señal de Darín, porque allí directamente se hubieran quedado dormidos. Muy sorprendente es que a la implacable crítica de cine, la Comandanta Clara, le gustó La señal, por lo que le recordaré dentro de unos años, cuando no quiera acordarse.
Darín es un capo ya se sabe, todos lo queremos mucho, es un gran tipo y todo lo demás, pero eso no justifica que se pierda el espíritu crítico y se aplauda de pie cualquier bodrio en el que actue.
Pienso que voy a ver, tal vez, algún día XXY, pero me va a costar y seguramente será sin entusiasmo.

miércoles, mayo 06, 2009

Borges for dummies

La supuesta complejidad de Borges no está en su prosa, que es clara como el agua clara, sino en los laberintos mentales que abre. La muerte y la brújula no es un texto simple, pero es facil de leer, como todo Borges. Borges tiene la particularidad de que en sus textos no hay ni una palabra de más. Esa era su obsesión, casi. La justa medida. Hasta sus poemas me parecen fáciles.

Si, como afirma el griego en el Cratilo, el nombre es arquetipo de la cosa, en las letras de Rosa está la rosa y todo el Nilo en la palabra Nilo.

O el poema El general Quiroga va en coche al muere



El madrejón desnudo ya sin una sed de agua
y una luna perdida en el frío del alba
y el campo muerto de hambre, pobre como una araña.



(Fíjense lo que son estos versos, imposible describir mejor a la Pampa, el escenario donde se va a representar la tragedia que se avecina!)



El coche se hamacaba rezongando la altura;
un galerón enfático, enorme, funerario.
Cuatro tapaos con pinta de muerte en la negrura
tironeaban seis miedos y un valor desvelado.



(Fíjense las imagenes cinematográficas, del carruaje hamacándose llevando a Quiroga y los caballos (tapaos) llevando a los 6 que acompañaban a Quiroga todos cagados y a él, valiente.)



Junto a los postillones jineteaba un moreno.
Ir en coche a la muerte ¡qué cosa más oronda!
El general Quiroga quiso entrar en la sombra
llevando seis o siete degollados de escolta.



(Ir en coche a la muerte!)



Esa cordobesada bochinchera y ladina
(meditaba Quiroga) ¿qué ha de poder con mi alma?
Aquí estoy afianzado y metido en la vida
como la estaca pampa bien metida en la pampa.



(Estoy de acuerdo con Quiroga (y con Borges) al respecto de la cordobesada.)



Yo, que he sobrevivido a millares de tardes
y cuyo nombre pone retemblor en las lanzas,
no he de soltar la vida por estos pedregales.
¿Muere acaso el pampero, se mueren las espadas?



(¡Se sentía inmortal el Tigre!)



Pero al brillar el día sobre Barranca Yaco
hierros que no perdonan arreciaron sobre él;
la muerte, que es de todos, arreó con el riojano
y una de puñaladas lo mentó a Juan Manuel.



(¡La muerte que es de todos! Simple y genial...)



Ya muerto, ya de pie, ya inmortal, ya fantasma,
se presentó al infierno que Dios le había marcado,
y a sus órdenos iban, rotas y desangradas,
las ánimas en pena de hombres y de caballos.



¿Y qué te parece? ¿Te gusta, pibe?