sábado, mayo 03, 2008

Gobierno y campo: fuego, humos, cruzados. Por Diego Lafuente*

¿Qué señales dejó el fuego cruzado entre el gobierno y el campo?
Lo primero a decir es que el lock-out/piquetero del campo se trató de una medida política. Porque no se trató de una simple protesta puntual y sectorial de cortes de ruta movilizada por un reclamo sectorial frente a las retenciones impuestas por el gobierno: se construyó, a medida que crecía, una protesta con ambición de poder. Se logró influir en toda la vida social del país, en los resortes económicos y políticos más importantes y también en la población que tomó partido por uno o por otro, pero en un momento, sus ambiciones estuvieron centradas en la Casa Rosada.
Claramente se constituyó un bloque opositor por fuera de la representación parlamentaria – Eduardo Duhalde, uno de los padres políticos de este modelo, hizo un movimiento inmediato de apoyo al campo en los medios desde su lugar de no parlamentario – y que por lo tanto no tiene sus ataduras burocráticas ni sus alianzas, y por ende es más fuerte y dinámico y más difícil de contrarrestar, aunque más endeble para mantenerse unido a largo plazo si no es con piquetes.

La nación agropecuaria argentina
Lo diferente de este piquete, y que puede marcar un antes y después en la política nacional, fue que ya no se trató de los “fuera del sistema” subsidiados por el Estado, por lo tanto blanco fácil para criticar al gobierno – que nunca pasó de un cosquilleo -, sino que el sistema productivo agropecuario, todo el campo, salió a cortar en pedazos la política sectorial del gobierno.
Hay que detenerse en la idea de todo. De repente “la nación agropecuaria argentina” tenía agallas y voces para la protesta callejera y los cortes de ruta –denostados hasta entonces – y, lo que nadie calculó, con un eco en todos los niveles de la población y sobretodo, con una multiplicación por lo menos llamativa en los medios.
Fue la salida de un manera explícita, en realidad el retorno, a la arena política de un grupo de poder diferente a cualquier otro de nuestro país, el que tiene raíz histórica y semántica con la tradición cultural de lo argentino acuñada en el conservadurismo político vernáculo.

El sojero, el nuevo símbolo
“El campo” en la política argentina fue históricamente conservador en lo ideológico – opuesto a la ideología liberal - con un fuerte y envidiable rasgo de defensa de su sector y en varios momentos del pasado, portador de un duro espíritu antidemocrático, que tampoco fue de su exclusividad.
El hombre de campo que cortó las rutas en marzo no era homogéneo, no sólo porque había intereses de multinacionales en juego, sino porque las diferencias económicas y sectoriales internas se hicieron evidentes, con mayor protagonismo de los pequeños productores quienes llevaban la voz cantante. En el plano semántico se escuchó decir campo y cortes en Buenos Aires y chacarero y piquetes en el interior, es decir, no era lo mismo lo que estaba en juego por el valor denotativo del lenguaje.
Ese todo trascendió el reclamo puntual y tomó altura hacia la construcción del valor simbólico de que protestaban los que realmente trabajan y sacaron al país adelante trabajando la noble tierra de los argentinos, como otras veces en el pasado. Décadas atrás, ese discurso tenías sus humos, decía que la Argentina era un producto esencialmente del campo, producto armado con la figura del sacrificado y viril gaucho, con el arado de “nuestros” ancestros – omitiendo que se hicieron campañas de eliminación de los indios y que la inmigración europea fue decisiva -, con la del granero del mundo. Hoy, el intento es construir un nuevo símbolo que establezca una continuidad con esa noble tradición y que implique a los grandes y pequeños productores: el productor sojero.
De repente, muchos argentinos de las ciudades, cacerolas en mano, se reconocieron como perteneciendo al campo, alimentando, después de varios decenios en nuestra historia, una serie de valores que hicieron al espíritu de nación criolla que se desprendió en el pasado desde la ideología nacionalista y conservadora.
Por todo esto este lock-out/piquetero es un hecho político, pues el campo al instituirse como un lugar de contra-poder no querrá contentarse con las mejorías sectoriales, querrán arraigar nuevamente, ya que es la lógica del poder, viejas ideas que supieron esgrimir y que las corrientes de la vida moderna hicieron que se dejaran de lado. Desde bancas parlamentarias buscarán elaborar leyes que reformen - antirreformistas en sentido estricto - a la educación, tal como se vió hace unos años en el Congreso Pedagógico, podrán nombrar ministros, elegir gobernadores, etc. Buscará recuperar ese viejo ethos del nacionalismo criollo, que con otros elementos simbólicos sociales, introducía al campo en el centro de la identidad de lo argentino.

El gobierno del campo
Si hay algo que ha sostenido el rumbo económico de los dos gobiernos Kirchner es su ajuste al modelo deseado por el hombre de campo, - también por el industrial -, de un dólar alto que deja margen de ganancias a través de la exportación, con traslado de precios altos de esos productos al consumo interno.
El paro del campo puso al descubierto que el modelo K es estructuralmente pro-campo y por eso el gobierno de Cristina Kirchner se ve en figurillas para torcer el rumbo político sin torcer el rumbo económico. Ahora tiene que construir un gobierno fuerte y de permanente presencia en los medios, a partir de excluir como políticamente aliados al campo pero satisfaciendo parte de sus reclamos y buscando herir de muerte su espíritu de protesta. Hasta ahora el gobierno midió fuerzas a través del movimiento sindical ¿Se apoyará también, manifiestamente, en el sector industrial, llamativamente silencioso todo este tiempo? También el gobierno está en la encrucijada de mostrar ser fuerte sin ser confrontativo en todos los frentes, de ir variando su estilo.
Algunos sectores del campo, con aval en algunos que cortaron las calles en Buenos Aires (frente a la residencia de Olivos pedían que se vaya la presidenta) se mostraron como verdaderos cruzados anti K – movilizados también por la política de derechos humanos del gobierno, por su relación con Chávez, por su posición con EE.UU - no reparó en avanzar más allá de su derecho al reclamo y planteó desde los múltiples piquetes el desasbatecimiento como herramienta política de presión, en un momento con ideas de resistir y que rodaran las cabezas, metafóricamente, en la Casa Rosada. Sabían que aún en la derrota transitoria salían vigorizados, habían construído un bloque de poder opositor sostenido en sus intereses económicos, con maniobras de acción dignas de la izquierda revolucionaria. Lograron algo muy preciado en política, blanquear su poder en toda la sociedad, pues inclusive los que los criticaban tampoco quieren que el esquema económico cambie y esperan que las partes acuerden.
Por la estructura económica del país el del agro es un sector, por lo menos los grandes productores –que trabajan y con las multinacionales de alimentos-, al que siempre se debe recurrir pues nunca se implanta con peso decisivo el otro modelo, el agro-industrial. El agro sabe que a la larga o a la corta tiene las de ganar, no sólo en lo económico, sino en lo político también, ya que los sueños estatistas o revolucionarios de los que gobiernan el país fueron abandonados hace mucho, aunque se quiera retrotraer a esa época cualquier gesto, palabra - desmedida o no - de la presidenta. Hoy el capitalismo está aceptado y desvela a todos, gobernantes y gobernados. La marca argentina del capitalismo es que haya democracia con un modelo de contención social hacia los más necesitados. Hoy, como en otros momentos desde el retorno de la democracia en 1983, se ha producido un embate contra el sistema, ¿hay que evaluarlo como un globo de ensayo? En estos momentos en la Argentina se está discutiendo la marca y el modelo del sistema y eso no es fuego fatuo.

¿Gracias por el fuego?
En una situación económica con índices de tendencia favorable en todos los frentes económicos en forma sistemática y sostenida, tal vez el más importante es el que señala una baja del desempleo a menos de un dígito, uno de los sectores que más han crecido con dicho modelo, buscan desestabilizar al modelo económico y político.
Los productores piqueteros, al implementar sus métodos de lucha pusieron en vilo al sistema con un incipiente desabastecimiento de alimentos - en un clima donde los especuladores de la inflación esperan agazapados - hicieron pensar que en la Argentina sucede lo que Freud llamó los que fracasan al triunfar, refiriéndose a quienes en el momento del éxito, por un mecanismo de repetición inconsciente, buscan fracasar.
Sin embargo, para otros sectores, especuladores de todo tipo, tal vez las caras menos visibles y más poderosas, y que seguramente no son muchos de los grandes hacendados, son los que triunfan si todos los otros al fracasan, como ya pasó en las graves crisis económicas y políticas de la historia argentina, la de los manuales de Historia, la de las últimas décadas y la que se está viviendo ahora.

(*) Corrientes, Argentina.