lunes, octubre 30, 2006

La República

Dos temas políticos despertaron mi interés en esta última semana: el dictamen del fiscal del caso AMIA y el feroz atentado en grado de tentativa que soportara La República en las elecciones en Misiones.

Lo entretenido de estos dos casos es que un dictamen judicial emitido por un fiscal y las elecciones en una provincia pequeña del nordeste del país generaron una desusada repercusión en los medios de comunicación por sus implicancias políticas, digamos, extraterritoriales.

El caso AMIA viene enredado desde el comienzo. El dictamen del fiscal Nisman parece de un contenido político casi sin precedentes en la historia judicial argentina. La utilización de informes de inteligencia de la SIDE, aportados a ella por la CIA y el Mossad, al menos llaman la atención ya que es sabido que estos informes no cuentan como prueba en el ordenamiento jurídico argentino. En Estados Unidos estos informes deben pasar por un filtro del FBI para ser presentados como prueba y por supuesto que ni siquiera eso garantiza la veracidad de estos informes. Los datos de inteligencia están desvalorizados como prueba porque la estrategia de contrainteligencia y la invención de pruebas con fines políticos son prácticas, además de comunes, consideradas legítimas en el mundo del espionaje. Basta ver un puñado de películas norteamericanas sobre la CIA para saber como actuan, que pueden ser mal o bienintencionados pero que la verdad para ellos, es lo de menos. Para nosotros también, pero no por eso uno debe cometer errores políticos que se paguen demasiado caro. A veces no decir la verdad puede ser mejor que decirla y a veces no decir una mentira también puede ser mejor que decirla.

El caso AMIA es peligroso para la Argentina porque si no se tienen pruebas concretas y no basadas en informes de la SIDE, la CIA o el Mossad, o dichos de testigos disidentes y exiliados de Irán, podría llevar a una confrontación innecesaria y con resultados nulos desde el punto de vista judicial. Nadie iría preso y encima estaríamos en un conflicto con Irán que no nos pertenece.

Parece un poco raro que en un momento en que Estados Unidos disputa con Irán por el enriquecimiento de Uranio, resulta que un dictamen de un fiscal en Argentina dice que el gobierno de Irán decidió atentar contra la AMIA porque Argentina rescindió un contrato con ellos sobre tecnología nuclear.

El caso Misiones y la reelección indefinida demuestra muchas cosas pero lo único interesante es la falta de verguenza de los defensores de la República. Ninguno de ellos clamaba por la República y la división de poderes durante el proceso militar argentino ni claman ahora en contra de la reelección indefinida de los gobernadores de los estados de Arkansas, Florida y Nueva York.

Oh, República, tus amantes no son más que unos viles farsantes. Ah, República, tus defensores son los que te han agrietado y vilipendiado en el pasado. Oh, República, los que hoy te invocán te desollarán.

No les dejaremos. Nosotros somos la República.

sábado, octubre 21, 2006

Mutaciones metafísicas

Toda gran obra crea un género o acaba con él.
Walter Benjamin

Últimamente voy menos al cine, pero sigo viendo igual o más cantidad de películas que hace unos años, por lo que esta actividad continúa siendo central en mi vida, y puedo decir, con autoridad creo, que el cine está en una meseta de mediocridad y previsibilidad que lo comienza a hacer prescindible.

El cinematógrafo no es muy antiguo en la historia de la humanidad, tiene un poco más de cien años y el cine en colores o el sonoro son realmente muy recientes. Comparado con la pintura o la música, el cine es un niño que no ha comenzado a gatear. Sin embargo, como metáfora, la del niño, no es muy adecuada, ya que el supuesto niño ha comenzado a dar muestras de chochera, renguea, le duele la espalda, tiene hipertensión y comienza a perder la memoria. Su muerte parece avecinarse.

Tal vez en la historia del arte, el cine sea como una mariposa con una vida magnífica y colorida, pero fugaz.

El cine es el arte de la fugacidad y la memoria, decía Douglas Sirk en una definición que hoy dejó de ser funcional. Nadie necesita la memoria porque existe Internet y la fugacidad ha dejado de ser tal desde que existe el DVD y uno puede retroceder las películas mil veces si quiere, verlas una y otra vez, tenerlas en casa, regalarlas, etc. Como los relatos de futbol antes de la existencia de la televisión y cuando la memoria de los que vieron al Charro Moreno, Bernabé Ferreira o a Alfredo Di Stefano agrandaba notablemente los méritos de esos futbolistas recordando gambetas increíbles y goles mucho mejores de lo que fueron en realidad.

Tal vez alguien se asombre ante este requiem tan sombrío , pero, ¿no notaron acaso que cada vez se emocionan menos al salir de ver una película..?

El cine tuvo varias etapas. En una primera, el cine era simplemente fotografía en movimiento, una locomotora avanzando que los hermanos Lumiere retrataban con su invento, la salida de los obreros de una fábrica, etcétera. George Meliés lo convirtió en algo más parecido a un objeto de prestidigitación y luego comenzó a narrar algunas historias y a alejarse de retratar la realidad. Pronto Griffith, Fritz Lang y todo el cine mudo, comenzaron a crear diferentes maneras de utilizar la cámara para hacer del cine un nuevo arte.

Pero no fue hasta 1941, con El ciudadano (Citizen Kane), de Orson Welles, que el cine obtendría la mayoría de edad. Esa mayoría de edad que Angel Faretta llama la "autoconsciencia". Es decir, hasta El ciudadano el cine había utilizado recursos propios de otras artes, la fotografía, la música, el teatro, la pintura. Pero para hacer esa película, Orson Welles se hizo proyectar cientos de filmes de la RKO para copiar recursos y trasladarlos a una actividad que apenas conocía. Por esto es tan importante y no porque sea buena o mala, aburrida o entretenida. Nada fue igual después de esta película. Todo lo que vino después ya no podía clamar inocencia.

Después de esta lograda autoconsciencia sobrevino el período de oro del cine sonoro, vino el color, el cine como herramienta política, la emoción, el terror, la risa, la indignación, el erotismo, el sueño de la realización de un mundo mejor. El sueño americano había ganado todas las conciencias, menos la de los que se resistían pero igualmente consumían este sueño.

La Unión Soviética impulsaba un cine diferente, más contemplativo y político, pero destinado a seguir el curso de los avatares de ese país que parecía eterno pero que se desmoronó casi de un día para otro. ¿Quién hubiera pensado cinco años antes que la Unión Soviética, una de las dos potencias mundiales, dejaría de existir, así, de golpe...?

El cine de Italia, el neorrealismo, Fellini y toda esa tradición, lentamente fue convirtiéndose en un cine pobre y decadente, que a nadie interesaba ya.

Casi todas las tradiciones subieron y se extinguieron. Solo quedaba ahí, incólume, el cine americano. El del relato clásico. Con su estructura y sus fórmulas, que cuando parece que se agota, resucita. Inventa algo nuevo.

El cine americano parecía estar condenado a la inexistencia a raiz de los dramas políticos en que estuvo metido ese país con la Guerra de Vietnam y la caída del sueño occidental. Pero todo ese proceso finaliza con la gran película de Francis Ford Coppola, Apocalypse Now, la que demuestra que ese sueño encarnado por el cine ya no era posible. Y lo hace a través de una gran película. A partir de ahí, un cine de los márgenes... Rumble Fish, The Outsiders...


Comienza una nueva decadencia lenta y progresiva. Las películas de bandidos eran aburridas, nada emocionaba. hasta que aparece el genial Quentin Tarantino en 1994 y gana el festival de Cannes con Pulp Fiction. La trascendencia, otra vez, de esta gran obra es que nada sería igual en el cine de ahí en más. Como había pasado con El Ciudadano y con Apocalypse Now, Pulp Fiction acaba con una época y da comienzo a otra.

Las mutaciones metafísicas, es decir, las transiciones globales y radicales de la visión del mundo adoptada por la mayoría, son raras en la historia de la humanidad. Como ejemplos puede recordarse la aparición del cristianismo, el descubrimiento de América, la caída del muro de Berlín, la aparición del SIDA... Cuando se desarrolla una mutación metafísica, en palabras de Michel Houellebecq, se produce y avanza sin encontrar resistencia hasta sus últimas consecuencias. barre con toda manera de ver el mundo previa a esta revolución. No importan los juicios estéticos. Nada detiene el cambio que sobreviene a una mutación metafísica a no ser la aparición de otra mutación metafísica.

En el cine y en las otras artes sucede algo semejante.

La mutación metafísica que implica la aparición de Internet, los intercambios informáticos, el avance en las comunicaciones electrónicas fue devastadora para el cine, al punto de que probablemente sea momento de escribir un merecido Requiem.

¿Pero, qué reemplazará la avidez de los desterrados hijos de Eva, desesperados ex-cinéfilos, habitantes de este valle de lágrimas, que gimiendo y llorando claman por algo que los aparte de sus vidas sin cine que pueda, ya, ser disfrutado...?

Las series de televisión parecen tomar la posta. En un mundo vertiginoso que no permite 15 minutos para la presentación de personajes, situaciónes y giro drámatico de una película inscripta en el relato clásico, las series de televisión ofrecen en bandeja eso que hace falta, esa alienación cotidiana que fue condición necesaria para la existencia del cine en la vida de los cinéfilos.

Quentin Tarantino, Wes Anderson y otros decidieron innovar, cada uno en su momento y a su manera, la forma clásica de hacer cine y esto les provocó un agotamiento casi inmediato. En el caso de Quentin, luego de Pulp Fiction que puede gustar más o menos pero que cambió la historia del cine, se diluyó en propuestas intrascendentes y muy esporádicas, por otra parte.

¡Oh, Dios, qué panorama he pintado..!

Esperemos que todo esto no sea más que una pesadilla como la de Qué bello es vivir, de Frank Capra y que al despertar estemos en una sala llena con la película a punto de empezar y pronto escuchemos esas primeras frases inolvidables como las de Laura, El Padrino o Rebecca .

viernes, octubre 13, 2006

El cachalote blanco


Hay que decidirse por un tema pero tengo cuatro.

El primero y más importante es el traslado de los restos del General Perón a su penúltima morada en la localidad de San Vicente, donde tenía su quinta en sus épocas de gloria.

El segundo y más triste es el fallecimiento de ese verdadero apóstol del desarrollo económico, la mente más brillante de toda la clase política argentina del siglo 20, don Rogelio Frigerio.

El tercero y más divertido, es mi descubrimiento de la novela más gay de la historia norteamericana que además es la novela emblemática de la literatura de ese país, Moby Dick.

El cuarto y más intelectual es el estreno en Buenos Aires, de la segunda película de Juan Villegas, Los suicidas.

El General Juan Domingo Perón fue y es la figura central de la política argentina, el principal exponente del estado de bienestar keynesiano para algunos, y el gran responsable de la decadencia del país para otros.

Pienso que el que mejor definió a Perón fue el pensador argentino que enseña en Oxford, Ernesto Laclau. Él tiene toda una teoría en la que incluye conceptos usados por Jacques Lacan en su lectura de las tesis de los significantes y utiliza el concepto de significante vacío o significante flotante. Resulta que Perón durante su exilio se había constituído en un símbolo en la Argentina. ¿Pero un símbolo de qué..? Perón dio lugar a movimientos de extrema derecha y también de extrema izquierda. Desarrollistas y neoliberales pudieron tenerlo como símbolo y bandera. Cuenta Laclau una anécdota de los años de la resistencia peronista en que una chica a quién se le había negado la práctica de un aborto en un hospital público, arremetió a piedrazos contra los cristales gritando ¡Viva Perón, carajo..! El mensaje que transmitía Perón, es decir el significado que correspondía al significante Perón, era lo suficientemente vacío o flotante como para que pudiera ser atribuído a casi cualquier cosa. Se torturó en nombre de Perón y se clamó por la patria socialista en nombre de Perón...

Uno de los que entendió esto fue Rogelio Frigerio, que murió hace pocos días a los noventa y tantos años. A mi me llamó la atención su nombre por primera vez, cuando como adolescente leía El tunel de Ernesto Sábato, al ver la dedicatoria de ese libro "A la amistad de Rogelio Frigerio que ha sabido soportar todas las asperezas y viscicitudes de las ideas"

Frigerio fue director de una de las revistas más importantes de la historia editorial argentina, la revista Qué. En esa revista se fue trazando el programa que desplegaría Frondizi en su gobierno previo pacto con Perón que lo llevaría a la presidencia.

Dijo el Chacho Alvarez alguna vez que el último proyecto de país orgánico y sistemático fue el de Frondizi de 1958 a 1962. Lo que no advierte Alvarez es que ese proyecto había nacido en el cerebro de Don Rogelio, el Tapir.

Arturo Frondizi supo aliarse a este extraordinario pensador, con mala dicción y pésimas condiciones de orador que contrapesaban con el "pico de oro" del presidente narigón.

Frigerio fue, además, el que por primera vez escribió en la Argentina la frase "la única verdad es la realidad", que la sacó de Hegel, a quién había estudiado como parte de su gran dominio del marxismo, desde donde venía su formación. Hoy se atribuye esta frase a Perón, pero es una frase de Frigerio.

Faltó un poco más o si no Argentina hubiera sido otra.

En cuanto a Moby Dick, Ismael, el que relata, y Quiqueg, un negro tatuado, parece que estaban de novios o algo así, se manoseaban, dormían juntos, unían sus frentes y nadie se dio cuenta. Es casi sexo explícito.

Los suicidas es una de las mejores novelas argentinas, escrita por Antonio di Benedetto, y merecía una película, seguro. Juan Villegas es uno de los directores argentinos con un mundo propio y singular, con una sensibilidad casi inédita. Si bien la confluencia de di Benedetto con Villegas no me parece la más feliz, la película tiene momentos del mejor Villegas y lamentablemente muy poco del gran Antonio. Es un tema a estudiar las diferencias groseras entre un jovencito de 29 años en la Argentina postmenemista y un hombre de 29 años, empleado de un periódico de provincia en 1976. Creo que es el pequeño gran error que comete Juan Villegas con Los suicidas. Un simple error de casting o de elección de la novela.

El cine argentino va a explotar de verdad el día en que los autores dejen de serlo y empiecen a hacer cine y adapten obras de otros, novelas, cuento, eventos históricos. Pero que las adapten en serio, como hizo Adrián Caetano en Crónica de una fuga.

Llevar al cine el pacto Perón-Frigerio, una película de futbol o Los suicidas de di Benedetto.

O por qué no... Moby Dick.

lunes, octubre 09, 2006

La identidad es la memoria...

Advertencia: si les interesa la serie Lost, y recién la empiezan a ver, puede haber algún spoiler, pero no creo que sea tan trascendente como para que no lean el artículo que sigue...)

Durante toda la historia de la humanidad la literatura, en sus diferentes formas, fue el principal y único entretenimiento de las masas interesadas en unir el afán de conocimiento con las ganas de pasarla bien.

Comenzando por la tradición oral y luego con la escrita, los papiros, las inscripciones, los códices, los libros manuscritos, la aparición de la imprenta, los primeros incunables, las bibliotecas, los libros ilustrados, los primeros bestsellers... la literatura en sus diferentes formas entretuvo a la humanidad.

El teatro, la música, la pintura y la escultura son artes más puros en tanto la experiencia sensorial es más inmediata.

Todo comenzó a cambiar con el advenimiento de la radio. A través de ese invento comenzaron los primeros relatos que permitieron que el gran público leyera un poco menos. Luego el cine y por último la televisión...

Mi tesis es que las novelas por entregas fueron reemplazadas por las series de televisión en un proceso que acaba de cerrarse ahora.

Las novelas por entregas nacieron a mediados del siglo XIX y enloquecían a fanáticos lectores de todo el mundo, quienes desesperaban por anoticiarse de lo que acontecía con algún personaje de Dickens o Thackeray . Había que esperar, a veces varios meses, para enterarse si la pequeña Becky se había casado o si todo había sido un fracaso. Cuentan que en las factorías de la costa canadiense a la llegada de barcos de Inglaterra, la multitud se agolpaba en los muelles y no podían contener la ansiedad y esperar a leer los capítulos que venían en el barco y gritaba a los marineros que lanzaban las amarras "¡¡¡¡¿¿¿¿Se ha casado la pequeña Becky...!!!!????"

Algo similar ocurre con las series de televisión y ahí estamos todos fanatizados, esperando noticias de series como Lost, Dr. House, Grey´s Anatomy, Los Soprano o la inefable y ya finalizada, la mejor de todas, Six feet under.

No pretendo acá hacer una propaganda de estas series porque no les hace falta. Mejor hago propaganda al Blog de la revista la chicharra viajera, http://la-chicharra.blogspot.com/, pero me parece un signo de nuestro tiempo que no puede pasar desapercibido.

En mi infancia había sido fiel seguidor de series como El tunel del tiempro, El Zorro, Los invasores, Kung Fu, La familia Ingalls, Family, El increíble Hulk.... pero nunca, como ahora, pude percibir ese fanatismo y casi alienación de las masas detras de los misterios e intrigas que plantean las series contemporaneas.

Buscando entender un poco más el fenómeno, me sumergí en ese mundo como quien para entender a los drogadictos decide comenzar con el porro, luego con la cocaína y por último con el paco.

Y acá estoy, fanatizado y desinteresado de casi todo lo demás. Sólo me importa saber qué será de Kate Austen, Jack Shephard o James "Sawyer" Fox, que, pobres, están atrapados por "los otros" encerrados en un perverso experimento del que no entendemos nada pero no deja de fascinarnos, en esa novela por entregas televisada que se dio en llamar Lost. O si Isobel "Izzy" Stevens logrará superar el mal mometo y retornar a la residencia de Cirugía del Seattle Grace en Grey´s Anatomy. O cuando estuve con un duelo importante, en el que las lágrimas permanecían a punto de salir durante muchos días por algo que le pasó a uno de mis grandes amigos de ficción, Nathaniel "Nate" Samuel Fisher jr. en Six feet under.

En cuanto a Lost, una de las claves de la atracción de esta serie es el inmenso misterio que encierra y que parece ir más allá de todo lo anteriormente exhibido en televisión.

Llama la atención el nombre de los personajes: Kate Austen para el personaje de Evangeline Lilly, John Locke para el de Terry O´Queen, Desmond Hume, Danielle Rousseau, Boone Carlyle, Shannon Rutherford.... y otros.

Echemos un vistazo a los apellidos de los personajes:

Locke, por John Locke (1632-1704), padre del empirismo inglés, para quien "la identidad es la memoria" (ya nos ocupamos de él en Siempre Libre a propósito de su ensayo sobre el gobierno civil) tiene una particular concepción acerca del conocimiento humano, la religión privada y la ley natural. Nombre elegido para un personaje clave que tiene una relación particular con la naturaleza y para quien´despojarse de su memoria podría darle otra identidad.

Austen, por Jane Austen, escritora inglesa de fines del siglo XVIII, autora de las novelas Sensatez y sentimientos, Orgullo y prejuicio y Mansfield Park. Un nombre dado a una mujer de acción qu eno pierde el romanticismo.

Hume, por David Hume (1711-1776), filósofo inglés muy relacionado a los empiristas Locke y Berkeley. La interpretación de su pensamiento oscila entre el Escepticismo racionalista y el naturalismo positivista. Nombre dado a un personaje, Desmond Hume, con una fe inquebrantable en el naturalismo positivista hasta que por ciertas revelaciones se convierte en un escéptico, pero siempre oscilando entre esas dos corrientes de pensamiento.

Rutherford, por Ernest Rutherford (1871-1937), el padre de la física moderna. Nació en Oceanía, como Shannon...

Carlyle, por Thomas Carlyle (1795-1881) sabio escocés, historiador y crítico social...

Rousseau, por Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), filósofo francés, que busca la felicidad del hombre a través de un contrato social, algo así como una Lilita Carrió del siglo XVIII. Le hecha la culpa al lenguaje y a la política de las discordias entre las sociedades. Pensador a revisar porque todos creemos conocer su pensamiento pero Lost nos hizo releerlo y no era tan así...

Como se puede ver esta serie tiene una relación profunda con la filosofía y la literatura clásica inglesa al punto de que las claves para desentrañar sus misterios podría obtenerse de un análisis del pensamiento de estos autores.

Tal vez las series no sean tan alienantes después de todo y los adolescentes fanáticos de Lost comiencen a leer a Locke, Hobbes, Rousseau, Austen, Carlyle, para divertirse y no de una manera meramente especulativa.

Mi teoría es que en la isla la clave principal es la frase de Locke: "La Identidad es la Memoria"

En la foto se puede ver el logo de Dharma Initiative, la empresa misteriosa que domina todo en la isla perdida de Lost, que dicen que ocupa el mismo sitio físico que la isla de Manhattan..! (o Manhatâo, como dicen los brasileños...)

Epitafio de la tumba de John Locke (el filósofo):

"Detente, viajero. Aquí yace John Locke. Si te preguntas qué clase de hombre era, él mismo te diría que alguien contento con su medianía. Alguien que, aunque no fue tan lejos en las ciencias, sólo buscó la verdad. Esto lo sabrás por sus escritos. De lo que él deja, ellos te informarán más fielmente que los sospechosos elogios de los epitafios. Virtudes, si las tuvo, no tanto como para alabarlo ni para que lo pongas de ejemplo. Vicios, algunos con los que fue enterrado. Si buscas un ejemplo que seguir, en los Evangelios lo encuentras; si uno de vicio, ojalá en ninguna parte; si uno de que la mortalidad te sea de provecho, aquí y por doquier"