viernes, octubre 13, 2006

El cachalote blanco


Hay que decidirse por un tema pero tengo cuatro.

El primero y más importante es el traslado de los restos del General Perón a su penúltima morada en la localidad de San Vicente, donde tenía su quinta en sus épocas de gloria.

El segundo y más triste es el fallecimiento de ese verdadero apóstol del desarrollo económico, la mente más brillante de toda la clase política argentina del siglo 20, don Rogelio Frigerio.

El tercero y más divertido, es mi descubrimiento de la novela más gay de la historia norteamericana que además es la novela emblemática de la literatura de ese país, Moby Dick.

El cuarto y más intelectual es el estreno en Buenos Aires, de la segunda película de Juan Villegas, Los suicidas.

El General Juan Domingo Perón fue y es la figura central de la política argentina, el principal exponente del estado de bienestar keynesiano para algunos, y el gran responsable de la decadencia del país para otros.

Pienso que el que mejor definió a Perón fue el pensador argentino que enseña en Oxford, Ernesto Laclau. Él tiene toda una teoría en la que incluye conceptos usados por Jacques Lacan en su lectura de las tesis de los significantes y utiliza el concepto de significante vacío o significante flotante. Resulta que Perón durante su exilio se había constituído en un símbolo en la Argentina. ¿Pero un símbolo de qué..? Perón dio lugar a movimientos de extrema derecha y también de extrema izquierda. Desarrollistas y neoliberales pudieron tenerlo como símbolo y bandera. Cuenta Laclau una anécdota de los años de la resistencia peronista en que una chica a quién se le había negado la práctica de un aborto en un hospital público, arremetió a piedrazos contra los cristales gritando ¡Viva Perón, carajo..! El mensaje que transmitía Perón, es decir el significado que correspondía al significante Perón, era lo suficientemente vacío o flotante como para que pudiera ser atribuído a casi cualquier cosa. Se torturó en nombre de Perón y se clamó por la patria socialista en nombre de Perón...

Uno de los que entendió esto fue Rogelio Frigerio, que murió hace pocos días a los noventa y tantos años. A mi me llamó la atención su nombre por primera vez, cuando como adolescente leía El tunel de Ernesto Sábato, al ver la dedicatoria de ese libro "A la amistad de Rogelio Frigerio que ha sabido soportar todas las asperezas y viscicitudes de las ideas"

Frigerio fue director de una de las revistas más importantes de la historia editorial argentina, la revista Qué. En esa revista se fue trazando el programa que desplegaría Frondizi en su gobierno previo pacto con Perón que lo llevaría a la presidencia.

Dijo el Chacho Alvarez alguna vez que el último proyecto de país orgánico y sistemático fue el de Frondizi de 1958 a 1962. Lo que no advierte Alvarez es que ese proyecto había nacido en el cerebro de Don Rogelio, el Tapir.

Arturo Frondizi supo aliarse a este extraordinario pensador, con mala dicción y pésimas condiciones de orador que contrapesaban con el "pico de oro" del presidente narigón.

Frigerio fue, además, el que por primera vez escribió en la Argentina la frase "la única verdad es la realidad", que la sacó de Hegel, a quién había estudiado como parte de su gran dominio del marxismo, desde donde venía su formación. Hoy se atribuye esta frase a Perón, pero es una frase de Frigerio.

Faltó un poco más o si no Argentina hubiera sido otra.

En cuanto a Moby Dick, Ismael, el que relata, y Quiqueg, un negro tatuado, parece que estaban de novios o algo así, se manoseaban, dormían juntos, unían sus frentes y nadie se dio cuenta. Es casi sexo explícito.

Los suicidas es una de las mejores novelas argentinas, escrita por Antonio di Benedetto, y merecía una película, seguro. Juan Villegas es uno de los directores argentinos con un mundo propio y singular, con una sensibilidad casi inédita. Si bien la confluencia de di Benedetto con Villegas no me parece la más feliz, la película tiene momentos del mejor Villegas y lamentablemente muy poco del gran Antonio. Es un tema a estudiar las diferencias groseras entre un jovencito de 29 años en la Argentina postmenemista y un hombre de 29 años, empleado de un periódico de provincia en 1976. Creo que es el pequeño gran error que comete Juan Villegas con Los suicidas. Un simple error de casting o de elección de la novela.

El cine argentino va a explotar de verdad el día en que los autores dejen de serlo y empiecen a hacer cine y adapten obras de otros, novelas, cuento, eventos históricos. Pero que las adapten en serio, como hizo Adrián Caetano en Crónica de una fuga.

Llevar al cine el pacto Perón-Frigerio, una película de futbol o Los suicidas de di Benedetto.

O por qué no... Moby Dick.

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