martes, septiembre 19, 2006

Eli, Eli, lamma sabachtani...

Estamos todos un poco consternados por la ira despertada en el mundo islámico por las declaraciones del Papa Benedicto XVI. Se trata de unas declaraciones realizadas en una homilía en Alemania en las que el Santo Papa, como lo llama Martín Pagés, comentó una carta de Manuel II Paleólogo, emperador bizantino de la última etapa del imperio. En esa carta, dirigida a un "persa culto", denominación que se acerca a un involuntario e inexacto oximoron, Manuel hace la pregunta acerca de cuál ha sido la novedad que el Corán ha traído a la humanidad y responde que ninguna, sólo la espada y el odio. La cita textual es: «Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su instrucción de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba». Era como para que se enojaran, porque todos sabemos que si hay gente susceptible, esos son los musulmanes. Ahora bien, Joseph Ratzinger, custodio de la fe en tiempos de Juan Pablo II, es una persona que no parece dar pasos en falso. Llegar a ser Papa requiere una interminable e incansable lucha, desde ser un curita clérigo en la que cualquier metida de pata puede hacer que el más brillante quede fuera de carrera. El cardenal Bergoglio, número puesto para una eventual pronta sucesión, puede ver amenazada su candidatura ante las impiadosas notas de Horacio Verbitski en Página 12, por ejemplo. Entonces Josephus Ratzinger parece haber elegido bien la cita. ¿Qué habrá detrás de este asunto..? ¿Una popular "metida de pata" o algo más grave..? ¿Un nuevo concilio de Clermont se avecina..? Urbano II en Clermont hizo el llamado a las primeras Cruzadas...
Pero veamos quién era el señor Manuel II Paleólogo...
En 1350, cuando nació Manuel, el Imperio Bizantino estaba en franca decadencia ante el avance del imperio Otomano, ya convertido al Islam. Formaba parte de la familia llamada de los Paleólogos, de origen griego o más bien macedónico, y que fue la última dinastía que gobernó en Bizancio hasta la caída de Constantinopla en 1453 cuando gobernaba Constantino XI, también Paleólogo.
Manuel II se hizo famoso por unos viajes que realizó por Europa Occidental llegando hasta Londres inmortalizando esta visita en cartas bien conservadas. No era precisamente un pacifista y se puede recordar que una de sus acciones enfurecieron de gran manera a los turcos : Con la intención de recuperar Macedonia y liberarla de manos turcas, Manuel y unos macedónicos complotados degollaron a toda una guarnición turca en una sóla noche en la ciudad de Serres (Macedonia) en 1383, mientras los turcos descansaban de la batalla por haber tomado la ciudad durante el día. El sultán Murad al tomar conocimiento de esta matanza ordena inmediatamente un sitio de la ciudad de Serres y Manuel que para entonces era co-emperador de Bizancio, decide resistir, convoca a los habitantes a la plaza central y los arenga para la resistencia. El sitio duró 3 años y medio y al final la ciudad, harta de la hambruna y las privaciones a las que la sometía el sitio y el olvido, se reveló a Manuel y se rindió a los turcos para evitar una masacre. La segunda ciudad bizantina quedaba entonces en manos de los turcos. Manuel escapó pero después fue enviado por Juan V , su padre y co-emperador, a una isla para que recapacitara por lo que había hecho.
Años después Manuel hará sus famosos viajes por Europa buscando apoyo en la lucha contra los turcos, y en Londres despertó mucha curiosidad por sus atuendos y porque, hay que recordar, Bizancio era lo que quedaba del gran Imperio Romano, dividido en el de Occidente con capital en Roma y en el de Oriente con capital en Constantinopla. En aquel tiempo y con las comunicaciones de la época, Bizancio era un Imperio exótico alejadísimo de Londres, como lo ilustra la carta de un inglés de la época: "En mi interior pensaba hasta que punto resulta doloroso que este gran príncipe del Lejano Oriente (por Manuel II) se haya visto obligado por el peligro de los infieles a visitar las lejanas islas de Occidente para pedir ayuda contra ellos.
Dios mío! ¿Dónde has quedado tú, gloria de la antigua Roma? La grandeza de tu Imperio está hoy al día despedazada y se puede aludir a ella aplicando las palabras de Jeremías: "La que era considerada a los ojos de las naciones princesa de todas las provincias ha sido sometida hoy a tributo." ¿Quién hubiera podido creer que caerías en una miseria tan profunda, que tú, después de haber dirigido en otro tiempo el mundo en un trono sublime, llegarías a no tener ningún poder para prestar tu auxilio a la fe cristiana?"

Al final se trata siempre de la misma maldita e inútil guerra.
Ante todo esto, la humanidad debería comenzar a gritar, entonces, y el papa también: Eli, Eli, lamma sabachtani..! (Señor, señor, por qué me has abandonado!) Esas fueron las casi últimas palabras de Jesucristo en la cruz, dicen algunos...


El de la ilustración más arriba es nuestro amigo Manuel II Paleólogo.

2 comentarios:

A! dijo...

los verdaderos cristianos estAn lejos, muy lejos de la iglesia.
si le das bola, y crees en lo q sería el ejemplo de Cristo... no podés darle ni un mínimo de crédito a todo lo q rodea a la religión. a esta altura de la historia de la humanidad, las religiones como institucion ya son deliveradamente un bochorno


saludets



A

rmarafioti dijo...

El mal ejemplo del Papa
por Leonardo Boff

La actitud del papa Benedicto XVI está provocando justificadas iras entre las comunidades islámicas a causa de la infeliz cita de un emperador bizantino del siglo XIV, según la cual “Mahoma defendía cosas malas e inhumanas, tales como su orden de difundir la fe por la espada”. Pero también causó escándalo y vergüenza a los cristianos. La cita es totalmente inoportuna. Sabe muy bien el Papa del enfrentamiento ahora existente entre el Islam y el Occidente que hace guerra a Afganistán y a Irak y que abiertamente apoya la causa israelí contra los palestinos, de mayoría islámica. En ese contexto la cita alinea al Papa con las estrategias bélicas del Occidente. ¿Cómo no irritarse contra esta actitud?

Para nosotros cristianos, la actitud del Papa nos deja perplejos porque es de la esencia de la fe cristiana perdonar y rezar como el pobrecito de Asis: “Donde hay ofensa que yo lleve el perdón”. No queriendo perdonar, el Papa legitima a todos aquellos que no quieren pedir perdón ni en la vida cotidiana, ni a los negros que esclavizamos por siglos, ni a los sobrevivientes de los indígenas que diezmamos. Si el Papa no hace oficialmente un acto de disculpa, nos da un mal ejemplo. No cumple el mandato del Señor de “confirmar los hermanos y las hermanas en la fe”.

Pero su gesto no es aislado. Como cardenal, se opuso a la entrada de Turquía en la Comunidad Europea por el simple hecho de que este país es mayoritariamente musulmán. Hace poco suprimió en el Vaticano la instancia que promovía el diálogo Cristianismo-Islamismo. En el documento Dominus Jesus de su autoría, del 15 de septiembre de 2000, uno de los textos más fundamentalistas de los últimos siglos, afirma que “la única religión verdadera es la Iglesia Romana Católica” y que “los seguidores de otras religiones objetivamente se encuentran, con referencia a la salvación, en una situación gravemente deficitaria”. No tienen sentido encuentros con otras religiones porque “es contrario a la fe católica considerar la Iglesia como una vía de salvación al lado de otras”. Con este trasfondo, no causa extrañeza su discurso en la Universidad de Ratisbona.

¿Sin embargo, no sería más digno del Papa pedir claramente perdón por las incomprensiones que provocó incluso involuntariamente? ¿Por qué no lo hace? Para entenderlo, se necesita comprender la ideología infalibilista que sigue vigente en el Vaticano y en general en la Iglesia. Según ella, el Papa no puede errar, aunque el dogma de la infalibilidad sea muy limitado. Afirma que el Papa es solamente infalible en situaciones bien delimitadas, gozando entonces, personalmente, de aquella infalibilidad que es de toda la Iglesia. Pero la ideología infalibilista atribuye de forma ilegítima infalibilidades a todas las palabras del Papa. Si al pedir perdón, confiesa que erró, haría algo que no es permitido por el infalibilismo.

Funciona en la cabeza del papa Benedicto XVI el despotismo papal formulado ya en 1302 por Bonifacio VIII que rezaba: “Para cada criatura humana es absolutamente necesario para su salvación estar sometida al Papa en Roma”. Eso no fue abolido siquiera por el Concilio Vaticano II en 1964. Fue introducida en los textos una “Nota explicativa previa” donde se reafirma que el Papa puede siempre actuar “según su parecer personal” como nombrar obispos, establecer normas y establecer políticas eclesiásticas. En otras palabras: un Papa puede autónomamente decidir todo; mil millones de católicos juntos no pueden decidir nada. Ese absolutismo nos hace entender las razones del Papa para no pedir perdón.

* El religioso Leonardo Boff es uno de los fundadores de la Teología de la Liberación.

* De Alai-Amlatina